Cadillac Ranch

Bienvenido a la página web del escritor Rubén Alfonso Jr.

Rubén nació en Cárdenas, Cuba en 1969. Emigró a Estados Unidos durante los últimos días de 1996. En Miami estudió Administración de Empresas en la universidad Carlos Albizu (CAU) y más adelante obtuvo una Maestría en Comunicación Masiva de la Escuela de Periodismo de La Universidad Internacional de La Florida (FIU).

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Cadillac Ranch de Antonio Tocornal se terminó de imprimir y encuadernar el 23 de septiembre de 2023. Tal día como ese hace bastantes años, el cadáver tumefacto de una vaca pasaba flotando patas arriba, desplazándose a la deriva de este a oeste frente a la costa de la isla de Roque Espino, aunque nadie fue testigo de ese acontecimiento.

Eso dice la última página del libro de relatos que escribió Antonio Tocornal, y que resultó ganador del XXI Premio Setenil 2024 al mejor libro de relatos publicado en 2023. Casualmente, el 23 de septiembre también es una fecha señalada para mí porque, desde hace 24 años, ese día mi mujer y yo celebramos aniversario. Sin embargo, casualidades aparte, fui uno de esos afortunados que pudo tener el libro antes de la fecha límite de su primera impresión, con todo y lo extraordinario de las efemérides. Diez días antes, el 13 de septiembre, Antonio tuvo la gentileza de firmar un ejemplar y enviármelo hasta Miami, cruzando el charco, o el mar salado de su magnífico ULTRAMAR.

De Antonio lo he leído todo. Es una realidad constatable en mi librero: LA LEY DE LOS SIMILARES —esa primera novela de la que pocos hablan, aunque merezca mucha atención—, LA NOCHE EN QUE PUDE HABER VISTO TOCAR A DIZZY GILLESPIE, BAJAMARES, PÁJAROS EN UN CIELO DE ESTAÑO, MALASANTA. Sus novelas son excepcionales y sería rizar el rizo si intentara ahora escribir sobre ellas cuando, lo he hecho antes, y cuando otros, mucho más versados en asuntos de críticas y reseñas, lo han hecho también. Bastaría con echar una ojeada a la página de Facebook del autor para descubrir un ramillete de buenas y bien merecidas reseñas sobre su obra.

De sus cuentos no soy fan, no porque no estén a la altura, sino por una cuestión de gustos literarios. Yo podría muy bien mandarme a hacer una tarjeta de presentación —como aquel otro escritor de antaño— que dijera: Rubén Alfonso Jr. Lector de novelas.

Tal vez fue eso lo que me hizo ojear el libro que Antonio me había firmado y luego dejarlo descansar en el librero. O tal vez esto ocurriera por aquello que decía Borges sobre que no siempre los libros son escritos para uno, para el uno del momento en que se tiene el libro en las manos por primera vez, sino para el que seremos más adelante.

Transcurrió un año y dos meses sin que volviese a abrir Cadillac Ranch. Mientras tanto, la lluvia de buenas opiniones, las reseñas, las publicaciones en blogs literarios, las entrevistas al autor y la gratificación del público lector inundaban las redes. Fue a raíz de una de esas entrevistas o reseñas, ya no lo recuerdo, que escuché o leí —según fuese el caso— la recomendación del propio autor de leer los relatos de Cadillac Rach dejando un “tiempo de maduración” (esto me lo he inventado yo) entre la lectura de uno y otro. Tomé entonces el libro y leí el primer relato. Al día siguiente, leí el segundo relato. Lo mismo con el próximo día y así sin parar, hasta que cerré el libro con la misma sonrisa bobalicona de satisfacción con que siempre termino de leer los libros de este inusitado escritor.

Leer a Tocornal es aprender de literatura por osmosis. Es aprender a usar el lenguaje y descubrir un adjetivo puntual o una metáfora ingeniosa. Los cuentos de Cadillac Ranch evidencian la privilegiada imaginación de este autor que no para de sorprender a sus lectores y que, como cualquiera con una mínima noción del mundillo sabe, merece que las grandes editoriales se discutan sus textos, en caso de que apostaran por la buena literatura.

En Cadillac Ranch hay 15 relatos ingeniosos, escritos con la brillantez a la que nos tiene acostumbrados el autor de Malasanta. Es un libro que, como el propio Antonio hizo, yo también recomiendo leerlo de a poquito, un relato a la vez, para permitir que la historia haga lo suyo en nuestra cabeza.

A la espera estoy de su novela más reciente, ÁRIDA, —he dicho antes que de este autor lo he leído todo—. De un momento a otro encontraré el libro en el buzón de correos y sabré, incluso antes de abrirlo, que me toparé con una delicia, con una fiesta de buenos sustantivos y adjetivos, con una prosa magnífica, con una manera de escribir que dan ganas de imitarlo, aunque sepa que, de intentarlo, naufragaría sin remedio.


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1 thought on “Cadillac Ranch”

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