Árida es el título que Antonio Tocornal ha dado a su novela más reciente. Con ella, no solo ganó el I Premio Internacional de Novela Corta Francisco Ayala, sino también el reconocimiento de muchísimos lectores, quienes, como han sabido o podido, le han dedicado unas líneas de elogio merecido.
He dicho antes que de este escritor lo he leído todo. No es completamente cierto, porque no he leído todos sus cuentos, que son muchos y muy premiados. Pero sí he leído todas sus novelas. Y aquí podría sucumbir al facilismo y decir que Tocornal lo ha vuelto a hacer, que Árida es fantástica, que nos seduce otra vez con su magistral manejo del lenguaje, y que la novela es otra muestra del tremendo arte narrativo del autor. Pero no lo haré. Decirlo sería fácil, aunque, al evitarlo, he terminado haciéndolo —eso sí, sin convicción—.
Tampoco intentaré descifrar la filosofía y psicología de los personajes ni el supuesto mensaje oculto de la novela, porque si hay algo que me revienta es la idea de que toda novela, por fuerza, debe tener un mensaje.
Mejor que Comala
Lo que sí diré —y esta vez con toda intención— es que Árida es una novela que muy pocos serían capaces de escribir, incluso de imitar. No es tanto una historia como un lugar. Un lugar agobiante, asfixiante, lúgubre a pesar del demasiado sol. Árida se parece muchísimo a Comala, pero es mejor. Y no, esto no es una adulación a Tocornal. Es que Pedro Páramo, a mí, ni fu ni fa —y que me condenen los entendidos—.
Como ocurre con otras novelas de Antonio, Árida podría leerse como un conjunto de relatos independientes. Para hacerlos novela, el escritor ha creado un personaje que funciona como una suerte de gluten narrativo: une las historias en un mismo sitio, Árida, les da un destino común y ofrece a la novela un principio y un final.
Una lectura inquietante
Leer Árida es inquietante. Y si tuviera que definir lo que se siente al leerla, diría que incomodidad, tal vez ansiedad. No tengo idea de qué se proponía el autor al escribirla, pero sé que él piensa que una de las cosas más importantes en una historia es que provoque algo en el lector. Bueno, amigo Antonio, lo has conseguido. Una vez más.

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