Ha vuelto a llegar esa fecha: las fiestas de Navidad —un disfraz cristiano de celebraciones paganas mucho más antiguas—; regalos, comida en abundancia, reuniones familiares, adornos, cantos, alegría, viajes, cenas con compañeros de trabajo a las que todos preferirían no ir, intercambios de obsequios, mensajes impertinentes con infantiles postalitas de Santa Claus y buenos deseos…
También es el momento en que muchos repiten los mismos rituales del año anterior, y de los últimos veinte años: salir a la calle con una maleta la última noche del año, lanzar un balde de agua a la acera o la calle, comer doce uvas a la medianoche y, por supuesto, hacer un recuento de los logros y derrotas del año que muere, así como una lista de propósitos de Año Nuevo que la mayoría no cumplirá.
De todas esas cosas, yo hago las que no consigo evitar, lo que no me queda más remedio, lo ineludible. Mi amiga Niurka dice que soy un pesado. Tiene razón. No me gusta ser predecible, tradicional, conservador. ¿Qué gracia tendría vivir así? Es demasiado aburrido.
No obstante, suelo aprovechar la ocasión para hacer un recuento de las cosas más relevantes del año que termina. No lo hago por tradición; simplemente es un tema más para escribir en el blog y que, con suerte, podría hacer reflexionar a algún lector y llevarlo a tomar una decisión personal… o no.
Así que, haciendo un recuento —al mejor estilo tradicional y repetitivo de cualquiera—, puedo asegurar que el 2024 ha sido un año extraordinario para mí. Entiéndase extraordinario en el sentido literal de la palabra. La elección de ese término no implica que haya sido un año fenomenalmente bueno, ni tampoco malo. Ha sido, simplemente, extra-ordinario, nada ordinario, diferente… único.
Durante los últimos doce meses, he leído setenta y cinco libros, algunos de ellos verdaderas joyas literarias. Incursioné en dos nuevos géneros literarios: el ensayo, conformando una recopilación de textos sobre temas que me apasionan o atormentan. Y la autoficción, con una novela que, en este momento, tiene un futuro incierto, como suele suceder al principio con todo lo que escribo. Además, tomé un curso de escritura autobiográfica y escribí un total de cuarenta y cuatro artículos para Mediarueda.blog. Este año también el blog fue rediseñado, adquiriendo una apariencia mucho más moderna y funcional.
Después de catorce años, mi vida laboral dio un giro radical e importante de 180° enfrentándome a un importante reto que hasta el momento he sabido llevar.
Durante este año también enfrenté una separación familiar que me marcó para siempre. Fue una etapa en la que conocí a personas muy peculiares: algunas se convertirán en personajes de mis futuras novelas; al resto, espero no volver a verlos jamás, bajo ninguna circunstancia.
2024 Fue un año en el que hice nuevos amigos y en el que terminé de enterrar, boca abajo, a quien nunca lo fue. Un año que trajo tristezas, como a cualquiera. Trajo desengaños en la política y en las relaciones humanas. Pero también trajo alegrías, bailes, risas y muchos sueños.
¡Fue el año en que nacieron mis nietos gemelos!
Posiblemente, 2024 ha sido el periodo en que más he vivido conmigo mismo. En el que hice el mayor esfuerzo por conocerme, por desentrañar mis neurosis, por reconocerme en el mundo que me rodea.
Sí, 2024 fue extra-ordinario, pero no necesariamente un mal año, a pesar de los pesares. Lo bueno siempre pesa más que lo malo, al menos para mí. Los buenos libros, los premios y triunfos de los amigos a quienes estimo, la alegría de mi familia, la risa de mi esposa, el amor y la salud de mis padres, las victorias de mis hijos, los millares de palabras que escribí, los besos de mis nietos, los buenos vinos que he bebido, las comidas que he cocinado —y comido—, los consejos que he regalado y los que he recibido… los sueños que he soñado. Todo eso pesa más que la falsedad de unos cuantos. Más que las mentiras y las fronteras todas.
Ha sido un buen año, desde luego, porque estoy junto a los míos, sigo vivo y no he dejado de soñar ni un solo instante, ni siquiera cuando la oscuridad me ha envuelto.

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