A Isabel Allende la conocí hace no sé cuántos años. Más de treinta. Puede que casi cuarenta. Desde luego, lo primero fue La casa de los espíritus. La autora me pareció tan genial como García Márquez. Tanto que ambos ocupan en mi biblioteca un espacio con el mismo rango —de la chilena tengo más libros que del colombiano.
Cuando escuché que Amazon Prime Video estrenaría su obra maestra convertida en serie, sentí exactamente lo mismo que cuando supe una noticia igual sobre Cien años de soledad: una mezcla perfecta de entusiasmo y desconfianza.
La literatura y el cine son animales de razas diferentes. Es cierto que hay grandes adaptaciones. Incluso por ahí hay una o dos que han quedado mejores que los libros. Pero en general, los libros son insuperables. Eso lo saben —al menos lo aceptan— hasta quienes no leen.
Por eso la desconfianza. Pero el entusiasmo de ver en pantalla una de las grandes obras de la literatura latinoamericana del siglo XX era innegable.
Además, había visto a Isabel Allende hablando muy bien de la miniserie, creada en conjunto por la productora chilena Fábula, Amazon MGM Studios y FilmNation Entertainment, y de la cual la propia autora es productora ejecutiva junto a la actriz Eva Longoria.
No había más que hablar.
La casa de los espíritus, la novela, es una obra monumental. La miniserie es buena. Muy buena.
La fotografía, la ambientación, la escenografía y el vestuario son, por sí solos, extraordinarios. Se agradece sobremanera que la serie haya sido filmada íntegramente en Chile y que los actores sean una exquisita mezcla iberoamericana. Eso le da autenticidad a la producción.
Luego está la música, los silencios, el dramatismo y la maestría con que la dirección consigue poner en pantalla lo que Allende creó para ser leído.
Con un 92% en Rotten Tomatoes, la miniserie se impone como uno de los aciertos de la pantalla chica.
“Hablar de La casa de los espíritus es hablar de lo que ha ocurrido en la región que se extiende desde el río Grande hasta la Patagonia”, dice para The New York Times Alfonso Herrera, el actor que interpreta a Esteban Trueba. “La historia es un mural de quiénes somos como latinoamericanos.”
Como me sucedió con la serie de la novela del Nobel colombiano, en La casa de los espíritus me molestó el cambio de actores. Mientras unos interpretan a su personaje desde los veintitantos o treinta hasta los ochenta años —como es el caso de Herrera—, otros personajes son entregados a varios actores o actrices, hasta tres en el caso de Clara. Esto rompe la conexión que el espectador construye con el personaje porque, a diferencia de la literatura, en el cine hay una información visual muy importante, y cambiar de actor es transformar la forma en que se nos narra la historia.
A pesar de ello, la serie es excelente y altamente recomendada. Como todas las grandes obras, La casa de los espíritus es algo que no podría hacerse mal ni aunque se quisiera. Es una historia que llega para quedarse y, si bien el libro es insuperable en todos los sentidos, la miniserie de Amazon Prime Video merece un lugar destacado en la crítica y, sin dudas, merece toda nuestra atención.
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