Al cielo no
Cuando muera no me envíen al cielo. Por favor, al cielo no.
El cielo es para otros. Para gente demasiado buena. Dioses, santos y otras cosas que tampoco existen.
Para mí no.
A mí denme el fuego para morir como un héroe antiguo. Una pira sobre una barca que se deslice por aguas mansas. Un tarro enorme de buen vino. Una guitarra, o mejor, su música. Un mazo grueso de puros finos. Un puñado de libros y una foto de quienes más quiero.
Luego, mi mujer sellará mis labios con los suyos y, con manos manchadas y trémulas, me acariciará.
Sin que nadie más pueda escucharla me susurrará al oído: todo va a estar bien.
Y yo le creeré.
Cuando muera no me lloren. Por favor, llanto no.
El llanto es para los miserables, los tristes y otras cosas que yo no soy.
Para mí las risas y las fiestas. Un poema, una canción.
Bailen, canten y ámense. Pero no me lloren.
Cuando muera no me olviden. Por favor, olvido no.
El olvido es para los tiranos y traidores. Cosas que nunca he sido.
A mí recuérdenme en mis manías y mis historias escritas o contadas en voz alta. Hablen de mí cuando no esté. Vuelvan a reír con mis chistes y búrlense de mi corte de pelo, de mis piernas flacas, de mi panza de borracho.
Luego, miremos juntos las fotos y burlémonos de la vida como siempre lo hemos hecho. Ustedes aquí y yo, quién sabrá dónde.

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