La revista VoyageMIA acaba de publicar en su sitio web una entrevista que me hicieron hace algunas semanas, y de la cual he colgado aquí una traducción al español, para quienes prefieran leerla en nuestro idioma.
La editorial de esta plataforma —que se dedica a destacar historias inspiradoras y a personas que están haciendo cosas interesantes en el área 305/786— tuvo la generosidad de incluirme en su serie Miami’s Most Inspiring Stories (Las historias más inspiradoras de Miami). Me eligieron junto a otros nombres seguramente mucho más interesantes que el mío, pero agradezco, con sincera gratitud, haber sido parte de ello.
En nuestra conversación hablamos, sobre todo, del camino que he recorrido hasta llegar a donde me encuentro hoy, sea cual sea ese punto. Hablamos, por supuesto, de literatura y de familia. Pero también de las razones y los motores que le dan impulso a mi vida. Se colaron algunas anécdotas y hasta algún secretillo que normalmente solo conocen quienes caminan cerca… y que ahora tú también podrás descubrir.
VoyageMIA realiza un trabajo admirable: amplificar las voces de creadores, emprendedores, artistas de todo tipo, comunicadores y pequeños empresarios que construyen desde lo local. Es una labor que merece ser celebrada, no solo por su alcance, sino por su sensibilidad y respeto hacia las historias personales y hacia el esfuerzo inmenso que cada uno de nosotros pone detrás de lo que hacemos con tanta pasión.
Por ello, quiero agradecer a su equipo por el espacio y la calidez con que abordaron esta charla.
👉 Si desean leer la entrevista original (en inglés), pueden hacerlo siguiendo este enlace: Rising Stars: Meet Ruben Alfonso Jr. of Miami
Gracias, una vez más, por acompañarme también en este tramo del camino.
Estrellas en Ascenso: Conozcan a Rubén Alfonso Jr. de Miami
(Traducción al español de la entrevista original publicada por VoyageMIA)
Hoy nos gustaría presentarles a Rubén Alfonso Jr.
Hola Rubén, ¿podrías comenzar contándonos un poco sobre ti y tu historia?
Claro. Aquí va la versión corta de un camino largo y lleno de curvas:
Nací en Cárdenas, Cuba (1969) y aterricé en Miami en el ’96 con el típico “kit de inicio” del emigrante: una maleta, un bolsillo lleno de preguntas y una testaruda necesidad de encontrar mi voz. Esa necesidad se desbordó en mi primera novela, La ciudad de las noches sin estrellas (2010). Es un libro visceral, con bordes ásperos, narrado desde los ojos de un joven cubano que descubre el llamado “mundo libre”. No es mi obra más pulida, pero fue lo bastante honesta como para hacerme creer que podía convertirme en un escritor de verdad.
Años más tarde, mientras cursaba una maestría en Comunicación en FIU, lancé una revista digital y, junto con mi esposa, fundamos un pequeño estudio audiovisual. Entrevistábamos a todo aquel que respirara cultura: periodistas, actores, directores de teatro, músicos, modelos. Era todo sudor y casi nada de dinero, pero adorábamos cada minuto sin dormir. Hacía reseñas de obras locales (el microteatro estaba en auge); a veces una crítica entusiasta nos ganaba entradas gratis, y otras, un director furioso me cerraba la puerta en la cara. Incluso colé algún que otro ensayo en un programa de radio popular —escuchar mis palabras dramatizadas en vivo era combustible puro.
Con el tiempo, ese circo recogió sus carpas, pero la escritura se quedó. He publicado tres novelas más —La vida ajena (2012), Codicia (2020) y El zorro y los sabuesos (2021)— y tengo un cajón lleno de manuscritos (algunos merecen la luz del día, otros es mejor dejarlos dormir). Hace unos cinco años inicié Mediarueda.blog —“media rueda” es una expresión cubana para decir que uno ha llegado a los cincuenta— donde descargo ensayos, reflexiones sobre libros y cine, retratos de barrios, incluso mi tesis de maestría, Los Héroes del Faro. Es mi refugio. Y gracias a los traductores automáticos, ahora tengo lectores ocasionales en países como Finlandia, India o Japón… prueba de que las historias ignoran fronteras mucho mejor que los políticos.
Bien, vamos a profundizar un poco. ¿El camino ha sido fácil? ¿Qué desafíos has tenido que superar?
¿Fácil? No precisamente. Más bien, como un laberinto con las luces apagadas.
Imagina a una pareja criando dos hijos, viviendo al día, mientras yo me aferraba a este sueño testarudo de escribir en español dentro de un país de habla inglesa. Eso, por sí solo, ya era como bailar tap sobre una cuerda floja.
Y entonces llegó 2008. Mientras la economía se desmoronaba, tuvimos la brillante idea de abrir una boutique. Se hundió más rápido que el mercado. Algunas semanas contábamos centavos para comprar comida o leche para los niños. Todo eso ocurrió antes de que mi primera novela viera la luz en 2010.
Hoy los hijos son adultos, y hasta tengo tres nietos. El fracaso de la boutique se ha convertido en una historia familiar de la que nos reímos… más o menos. Pero el residuo de esos años sigue presente: las jornadas largas, el rechazo constante de editoriales (que aún continúa), el silencio, la duda, el malabarismo constante entre tiempo e identidad. Y, sin embargo, en medio de todo eso, seguí escribiendo.
A veces pienso que es simplemente lo que hacemos los inmigrantes: nos adaptamos, persistimos. Ya cruzamos un océano; todo lo demás es solo otra ola. Así que no, el camino no ha sido llano. Pero cada bache dejó una oración, cada desvío un párrafo, y cada lucha se convirtió en parte del relato.
Al final, la dificultad no es una interrupción de la historia. Es la historia. Y para personas como nosotros, “imposible” es solo otra palabra que aprendemos a reescribir.
Gracias. Y cuéntanos, ¿qué más deberíamos saber sobre tu trabajo y en qué estás enfocado actualmente?
Lo primero que quise ser en la vida fue cantante. Estaba completamente fascinado con la película La vida sigue igual y las canciones de Julio Iglesias. Debía tener cuatro o cinco años, y ya me subía al escenario de la escuela como si tuviera una carrera por delante. Pero algo cambió. No sé qué fue. Perdí la capacidad de cantar delante de otros. Ese sueño se fue apagando en silencio, aunque sospecho que me va a perseguir hasta el final de mis días.
Después descubrí el placer de leer. Con los libros podía viajar en el tiempo, vivir otras vidas. Era una libertad extraordinaria. Los libros incluso me permitieron convertirme en el cantante que nunca fui. Años más tarde, en Miami, una escritora que conocí en una reunión familiar me dijo que yo también podía escribir. Y le creí. Así fue como la escritura se convirtió en mi vía de escape, mi entrada, mi manera de canalizar esa necesidad artística que no sabía cómo expresar.
He publicado cuatro novelas hasta ahora, todas explorando temas como el exilio, la memoria, la culpa y la libertad interior. Pero, más que nada, me gusta usar la ficción para explorar versiones alternativas de la realidad. Ese es el corazón de lo que hago: preguntar “¿y si…?” En mi novela más reciente, El zorro y los sabuesos, un thriller policial inspirado en una noticia real que leí en BBC Mundo, imaginé un desenlace diferente. Partí de una pregunta —¿y si hubiera ocurrido de otro modo?— y dejé que eso me guiara. Investigué otros casos similares, construí los personajes y diseñé la trama en torno a esa hipótesis.
En el fondo, creo que toda forma de arte comienza con la misma pregunta: ¿y si? ¿Y si el tiempo se derrite? ¿Y si canto sobre el amor? ¿Y si alguien escribe sobre un viaje a la luna? El arte es siempre una alternativa a la realidad: una invitación a imaginar otro camino.
Esa también es la esencia detrás de Mediarueda.blog. Es mi guarida de escritor, un espacio digital donde comparto ensayos, reflexiones, reseñas y algún que otro experimento. Comenzó como un escape personal, pero con el tiempo ha reunido una audiencia modesta y diversa, desde lugares que nunca imaginé.
¿Lo que me diferencia? Quizás el hecho de que nunca he intentado ser otro. Escribo en español, en una ciudad donde el español se habla mucho pero se publica poco. Escribo por el placer de hacer preguntas que no siempre necesitan respuesta. Y aunque nunca me convertí en cantante, sigo actuando… solo que en silencio, sobre la página. Y claro, en los oídos de mi esposa.
Si tuvieras que elegir, ¿cuál de tus características personales te ha llevado más lejos?
No estoy seguro de poder llamar “éxito” a lo que tengo. Al menos no en el sentido profesional habitual. Prefiero no pensarlo en esos términos.
Ahora, como esposo, padre y abuelo… ahí sí me siento un campeón. Mi familia es mi Ítaca, el lugar al que regreso, la razón detrás de casi todo.
Profesionalmente, lo que sí tengo es esto: soy un soñador incurable. Y creo, con terquedad, en lo que creo. Escribir nunca fue un movimiento de carrera para mí; ha sido más bien un salvavidas. Ya sé que suena a metáfora gastada, pero en mi caso es simplemente verdad.
Así que, si hay una cualidad esencial que me acompaña, probablemente sea esa fe silenciosa e irracional en el poder de las palabras. Incluso cuando nadie está leyendo. Sobre todo entonces.

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