El TÁBANO: LEGADO DE UN LIBRO DESGASTATADO

Bienvenido a la página web del escritor Rubén Alfonso Jr.

Rubén nació en Cárdenas, Cuba en 1969. Emigró a Estados Unidos durante los últimos días de 1996. En Miami estudió Administración de Empresas en la universidad Carlos Albizu (CAU) y más adelante obtuvo una Maestría en Comunicación Masiva de la Escuela de Periodismo de La Universidad Internacional de La Florida (FIU).

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Han pasado más de veinte años y todavía recuerdo el momento en que recibí aquel paquete. Llevaba poco tiempo viviendo lejos, en una ciudad que aún me parecía extraña, pero esa pequeña caja marrón con mi nombre escrito a mano me devolvió, por un instante, el calor de mi antiguo hogar. Creo que fue mi madre quien me la entregó, aunque no puedo asegurarlo. Lo que sí recuerdo con claridad es que, envuelto con delicadeza, dentro estaba El Tábano. Un libro desgastado, con el lomo debilitado por el paso del tiempo y las páginas amarillentas y quebradizas. Era una impresión de 1969, de calidad cuestionable. En la primera hoja, una dedicatoria sencilla decía:

“Que lo disfrutes en su lectura, ese es mi deseo. Mi pesar es no poder hacer el debate literario, sentados en cualquier parte de esa casa que sé, también es mía. Te quiero, y suerte.
Minerva
20-11-2002″

Aquello no era solo un obsequio, era un puente entre nosotros. Minerva había estado presente durante mi niñez y mi adolescencia. Nos unían momentos que no se pueden narrar sin correr el riesgo de caer en la cursilería. Cuando comencé a leer con avidez, era con ella con quien debatía sobre los libros que leía. Y era ella, profesora de literatura, quien me guiaba con sutileza por el camino de las letras y me inculcaba el amor por los libros.

En la época en que recibí el regalo era prácticamente imposible conseguir un ejemplar de El Tábano. No se encontraba en ninguna librería ni en internet. De alguna manera, Minerva supo de mi infructuosa búsqueda y me envió su propio ejemplar desde Cuba. Lo habría leído incontables veces. Quizás lo guardaba en algún estante del comedor, en la mesita de noche, o en su cartera… No podía saberlo. Solo sabía que me había dado algo que era importante para los dos. Sentí que, en ese momento, aunque nos separaban miles de kilómetros, ella seguía ahí, como siempre.

Durante los últimos veintidós años no he conseguido leer esa dedicatoria sin emocionarme. He leído el libro infinidad de veces, y jamás lo he prestado a nadie, ni lo haré. Sigue siendo mi favorito. Tampoco había escrito al respecto antes, pero para todo hay una primera vez.

Hoy, se puede comprar la novela de Voynich en cualquier librería o en internet. Yo no lo he hecho; tengo el mío. En mi biblioteca hay cientos de otros títulos: algunos raros, otros caros o muy antiguos. Sin embargo, ninguno tiene el valor de ese ejemplar de El Tábano. No por su contenido, sino porque representa la conexión inquebrantable con una amiga que nunca dejó de estar presente. Mirar El Tábano en mi librero es un recordatorio de que los objetos, por más desgastados que estén, pueden contener la esencia de las personas que más apreciamos.

Y tú, ¿Tambien eres de los que guardan tesoros como el mío?


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