Catarsis

Bienvenido a la página web del escritor Rubén Alfonso Jr.

Rubén nació en Cárdenas, Cuba en 1969. Emigró a Estados Unidos durante los últimos días de 1996. En Miami estudió Administración de Empresas en la universidad Carlos Albizu (CAU) y más adelante obtuvo una Maestría en Comunicación Masiva de la Escuela de Periodismo de La Universidad Internacional de La Florida (FIU).

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Hay vidas comunes.

Vidas sensatas, planificadas, organizadas y predecibles como un monje benedictino. Hay vidas con planes, con peros, con límites, con culpas. Vidas que sueñan vivir o que alardean de vivir lo que nunca, o pocas veces han vivido.

Hay vidas insatisfechas como ostras de Alaska en una bañera.

Hay documentos de Excel con relaciones detalladas de cada centavo gastado o por gastar. Hay pizarras con planes, con sueños, con metas. Hay cuentas bancarias y cuentas que rendir. Hay reuniones de familia, acuerdos de familia, planes de familia, falta de familia… familia que no es familia.

Hay huérfanos con chequeras vacías y coches nuevos.  Hay padres más huérfanos que Adam.

Hay alarmas para despertar, tiempos cronometrados entre el aseo y el viaje al trabajo, almuerzos programados, tardes aburridas, sillas de choferes de Uber vacías en las mesas de la cena, falta de sexo, telenovelas y libros malos. Hay desgano y rutina. Hay sexo oral, espontáneo y violento, sobre encimeras, en elevadores, en el rincón oscuro de algún bar. Hay masturbaciones bajo luces de semáforos, hay coitos en escaleras y en aviones.

Hay quienes no hablan de sexo y quienes viven para el sexo… o de él.

Hay maneras muy aburridas de morir y maneras muy vividas de aburrirse.

Hay hijos tatuados, hijos artistas, hijos tramposos, hijos bobalicones, hijos drogados, hijos feos, hijos lindos, hijos que lloran en las noches, hijos que se fueron del hogar, hijos que no se van del hogar, hijos con los que soñar e hijos que quitan el sueño. Hay hijos que te abandonan e hijos que no dejas ser libres.

Hijos que no son hijos, hijos que son más que hijos.

Hay padres fracasados… culpas que no son propias, ganas de ser mejor.

Hay trabajos insoportables, ganas de triunfar, ganas de no hacer nada, ganas de olvidarlo todo, ganas de comerse el mundo, ganas de una oportunidad, ganas de matar… o de escribir sobre matar.

Hay ansiedad.

Hay horizontes lejanos, brillantes y peligrosos como arcos de soldadura. Hay ganas con ojos de pescado muerto. Hay certezas que caminan sobre aguas pantanosas.

Hay encrucijadas: ser para otros o ser para uno.

Hay creencias, tradiciones, viajes, religiones, dioses, playas, compromisos, responsabilidades, amaneceres, contratos, cumpleaños, acuerdos, deberes, El palacio de Versalles, restaurantes caros, globos en Capadocia, normas, reglas, leyes, librerías, política, emigración, el Danubio azul, homofobia, tías beatas, racismo, patriotismo, la Mona Lisa, puritanismo, dietas, yoga, anillos de compromiso, cuñados pesados, abogados, hipotecas, las ruinas del Coliseo, flores marchitas, peajes, poemas de Bécquer, calorías, básculas, redes sociales, las canciones de Serrat, semana santa, colesterol, menú vegano, navidad, reglas de ortografía, capa de ozono, Jesús Cristo, dictadores, atardeceres en Granada, examen de próstata, perlas de Tahití, la Torre de Londres…

Hay cerebros que se aburren como esponjas en el Louvre.

Hay biblias, koranes y babalaos de barrio.

Hay pesos que aplastan.

Hay American Airlines, hay Amazon, Broadway, Netflix y Barnes & Noble.

Hay internet con un TV Sony de 75 pulgadas por $1.298 y con una versión de Don Quijote de la mancha de 1897 por €105.

Hay conciertos de Farruco y Bad Bonny en Miami, teatro negro en Praga, ópera en Paris y en el Teatro Nacional de Múnich bailan Coppélia.  

Hay Pablo Coelho y Harper Lee.

Hay quien no entiende nada y quien cree entenderlo todo. Hay quienes bailan, quienes ven bailar y quienes critican el baile. Hay la opción de culpar a otros por lo que no somos.

Hay quienes no leen, quienes escriben cosas que ganan premios y aplausos, y quienes escriben catarsis que seguramente a pocos interesará.

Hay algo en lo que le ganamos a Dios: la libertad de pensar.

https://www.picassomio.com/teresa-carbonell/107373.html

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