A veces llega un período en que no sabemos cómo escribir. No es que no tengamos nada que decir: es que no sabemos cómo y la página se resiste haciendo que cada intento suene falso. A eso le llaman bloqueo, parálisis, sequía.
Qué es el bloqueo del escritor y por qué ocurre
Isabel Allende, en su curso Magical Storytelling para BBC Maestro, lo menciona con una precisión que vale la pena citar. Dice que algunos escritores noveles atribuyen el bloqueo a la falta de semilla narrativa: no tienen historias que contar. Allende lo desmonta enseguida: si uno es escritor de verdad —y con eso se refiere a la vocación, no al éxito ni a los premios— sabe que las historias están por todas partes. En la fila de un banco, en una conversación con los hijos, en una reunión de vecinos. En cualquier lado.
Tiene razón. Y por suerte, ese ojo que detecta historias no me ha fallado.
Pero aun así he enfrentado el bloqueo. Por otras razones: perfeccionismo, estrés, cansancio, distracción. Al inicio de mi carrera, también por decepción. Con el tiempo aprendí que siempre pasa. Antes o después, cede.
Porque si insistimos, inevitablemente a la sequía le sigue la fertilidad. Y cuando llega ese período fértil, la producción se dispara y uno olvida por completo el desierto anterior porque está escribiendo como loco.
Eso es exactamente lo que me está pasando este año.
Cuando la sequía se convierte en fertilidad
En lo que va de 2026 terminé la corrección de una novela histórica, publiqué NOSTOS, escribí siete cuentos cortos, un relato largo, una nouvelle y una novela breve. Más que en cualquier otro año de mi vida como escritor. Y estamos a mitad del año.
Todo eso tiene un costo, desde luego. Horas de insomnio, la vista desgastada, la espalda protestando después de horas sentado, y esa enajenación necesaria para habitar el mundo de los personajes. Pero vale cada segundo. Los escritores vivimos de eso: de la adrenalina de escribir, de conocer a un personaje nuevo, de descubrir qué historia exige ser contada. Eso nos enchufa vida. Por eso lo damos todo.
Qué hacer mientras esperas que vuelva la escritura
Así que, si eres escritor y estás en uno de esos períodos oscuros, no desesperes. Haz lo que sabes hacer: sal a la calle, escucha con atención. En algún lugar hay una historia que espera por ti. Mientras la encuentras, practica, intenta, ensaya. Y cuando al fin la descubras, escríbela. Eso es lo que haces tú. Es lo que el mundo espera de ti.

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