The Apprentice: el extravío de una sociedad

Bienvenido a la página web del escritor Rubén Alfonso Jr.

Rubén nació en Cárdenas, Cuba en 1969. Emigró a Estados Unidos durante los últimos días de 1996. En Miami estudió Administración de Empresas en la universidad Carlos Albizu (CAU) y más adelante obtuvo una Maestría en Comunicación Masiva de la Escuela de Periodismo de La Universidad Internacional de La Florida (FIU).

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Este fin de semana vi The Apprentice, una película de 2024 que explora, con una frialdad quirúrgica, la relación política, económica y personal entre un Donald Trump treintañero y el abogado Roy Cohn. El film no pretende caricaturizar a Trump ni convertirlo en un villano de opereta. No lo necesita. Basta con mostrarlo tal como fue moldeado: un producto manufacturado a partir de la ambición ajena, la manipulación, el oportunismo y ese instinto voraz de supervivencia que solo los depredadores más cínicos logran perfeccionar.

Según el guion, Cohn no solo fue el tutor de los primeros éxitos empresariales de Trump. Fue también el artífice de sus métodos, su ética (o su ausencia) y su manera de concebir el poder. La película deja claro que aquello que Trump repite como rasgos innatos —su agresividad, su disposición a la confrontación, su rechazo absoluto a admitir errores— no formaban parte de su ADN. Fueron técnicas aprendidas, imitadas y aplicadas con precisión casi religiosa.

El film, con un nada despreciable 83% en Rotten Tomatoes, retrata a un Trump narcisista, inseguro, carente de ideas y falto de cualquier habilidad extraordinaria más allá de una necesidad enfermiza de ser reconocido, amado por su padre y aceptado por la élite neoyorquina. Su obsesión por ganar, siempre y en todo contexto, lo convierte en una figura movida por un vacío permanente, un agujero emocional que Roy Cohn supo utilizar como pocos.

No es una sátira política ni un panfleto partidista. Es una película seria que reconstruye la etapa en que Trump adopta un estilo que más tarde exportaría a la política como si fuera una revelación propia. La dirección es sobria, las actuaciones convincentes y la reconstrucción del Nueva York de los setenta y ochenta resulta tan creíble que casi puede olerse el humo de los despachos y la soberbia de los clubes privados.

Pero más allá del film, emerge una pregunta inevitable: ¿cómo pudo la sociedad estadounidense elevar dos veces a la presidencia a una figura moldeada desde los cimientos por la corrupción, la manipulación y la falta de escrúpulos? ¿En qué momento un país capaz de producir instituciones admirables decidió suspender su juicio crítico para entregarse a un hombre cuyo único norte ha sido su propio reflejo?

Al ver The Apprentice, esa pregunta se vuelve aún más urgente. No porque la película demonice al personaje, sino porque lo muestra desnudo: ambicioso, vulnerable, manipulable y, a su manera, peligrosamente simple. Cohn le enseñó que la verdad es negociable, que la ética es un obstáculo, que admitir un error es perder y que la debilidad se destruye antes de que otros la huelan. Trump aprendió tan bien la lección que terminó convenciendo a millones de personas de que su estilo no solo era aceptable, sino deseable.

No suelo abordar temas políticos en este blog, pero este título me arrastra a una reflexión incómoda. No sobre Trump, cuya trayectoria está más que documentada, sino sobre la sociedad que decidió convertirlo en líder. Las democracias no siempre eligen a los más capaces; a veces eligen al que mejor explota sus miedos, prejuicios y aspiraciones. Lo preocupante es cuántas veces se repite ese patrón sin que la sociedad se detenga a reconocer el error.

Para quienes quieran mirar este fenómeno desde distintos ángulos, recomiendo tres obras que, sin caer en el sensacionalismo, muestran la evolución del personaje y, sobre todo, el espejo que refleja de quienes lo apoyaron:

Siempre demasiado y nunca suficiente (2020), de Mary L. Trump
The Comey Rule (2020)
The Apprentice (2024)

Hay miles de libros, documentales y películas sobre Donald Trump. Pero estos tres permiten observar no solo al hombre, sino al país que lo convirtió en símbolo. Y si algo queda claro después de ver The Apprentice es que, más allá de la figura de Trump, la verdadera pregunta recae sobre la capacidad de discernimiento de Estados Unidos. Porque un depredador puede aprender sus trucos; pero una sociedad debería ser capaz de reconocerlos.

Lo inquietante es que, en este caso, no lo hizo. Dos veces.

Póster de la película 'The Apprentice' (2024) que muestra a los actores Jeremy Strong, Sebastian Stan y Maria Bakalova en un entorno urbano de Nueva York, con el Empire State Building al fondo.


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