Mientras el sol veraniego se cuela a través del cristal de la ventana, amenazando a mis pies descalzos, el té se enfría en la mesilla a mi lado y el cuenco de yogur griego con miel pierde toda la relevancia que podría concedérsele a la dieta mediterránea. Quiero escribir, y eso es todo lo que importa ahora.
Aún no sé de qué o sobre qué escribiré. Eso me pasa a veces: tengo ganas de contar, de narrar, pero al sentarme frente al ordenador, ninguna idea viene a mi cabeza. Desaparecen precisamente en el momento de escribir, aunque otras veces me asaltan en plena noche, mientras leo o incluso cuando veo una película.
A veces me llegan como si fueran pulgas que saltan en la cabeza, o hacia ella. Pero no las anoto, porque no quiero interrumpir la lectura o lo que sea que esté haciendo en ese momento. Luego, cuando pretendo escribir en serio, ya las pulgas han saltado al lomo de otro perro.
Hace algún tiempo que mi mujer viene sugiriéndome fundar una sección en el blog para hablar del origen de las cosas, de la raíz de esas creencias un poco tontuelas que tenemos en nuestros días o de costumbres de las que pocos conocen su razón de ser. Ya escribí una entrada hace tiempo que tocaba el tema, pero Lía se refiere a algo como lo que hacía en la revista que gestionaba hace años, Hablémonos. En aquella publicación digital existía una sección titulada “¿Sabías que…?”. Era algo divertido porque allí publicaba curiosidades que develaban el origen de una costumbre, como la de guardar luto por los muertos, por ejemplo, o la de decir Jesús o salud cuando alguien estornuda a nuestro lado. Después de exponer lo que había descubierto con mi investigación sobre el tema en cuestión, concluía el escrito con la siguiente frase:
Si no lo sabías, ya lo sabes.
A mis hijos les encantaba aquella parte de la revista porque les parecía una manera divertida de aprender y, sobre todo, una forma amena de evitar las supersticiones y las tonterías que casi siempre traen consigo las costumbres y creencias absurdas.
Yo he considerado la idea de incorporar en Mediarueda una sección similar, no crean. Pero no acabo de decidirme por el formato que utilizaré: texto o video. Posiblemente, lo haga en video, si es que algún día doy el paso final.
En fin, porque esto se está volviendo un chorizo, hoy voy a hablar muy rapidito justamente de un asunto relacionado con eso de «si no lo sabías…»
Antes de entrar en materia, una pequeña aclaración: aunque no he hecho una investigación profunda sobre este tema y mi escrito se basa principalmente en una publicación de Instagram que me envió ayer mi mujer, a lo mejor para influir en mi decisión de incluir la sección en el blog, revisé un poco para poder agregar algunas precisiones que le otorgaran más claridad al texto.
Se trata del nombre que le otorgamos a los días de la semana. Según dicha publicación, la diferencia entre el español y el inglés en los nombres de los días responde a un origen nórdico y a ciertas adaptaciones del latín. Veamos lo que dice:
Cuando los anglosajones adoptaron el calendario romano, que nombraba los días de la semana basándose en los astros y en los dioses, lo tradujeron con su particular panteón de dioses germánicos y nórdicos. Así, los días latinos terminaron de la siguiente manera:
- Lunes (Monday): Se deriva de Moon’s day, el día de la luna. En español es igual porque los romanos lo llamaban dies lunae.
- Martes (Tuesday): El nombre de este día viene de Tiw’s day, en honor a Tiw o Tyr, el dios nórdico de la guerra, equivalente a Marte en la mitología romana. Así que el nombre de ese día en inglés es la versión vikinga del martes latino.
- Miércoles (Wednesday): Proviene de Woden’s day, en honor a Woden, la versión anglosajona de Odín, el mero mero en la mitología nórdica. Así que el miércoles es, sin ninguna duda, el día de Odín. Sin embargo, en español se le llama miércoles porque las lenguas romances se quedaron mucho más cercanas al latín, como ya se ha visto. Para los romanos, este día estaba dedicado a Mercurio (Mercuriī diēs), de ahí que terminara derivando en el miércoles que utilizamos hoy.
- Jueves (Thursday): Este es el día de Thor, el dios del trueno (Thor’s day). Los romanos dedicaban este día a Júpiter, dios del rayo. De ahí que en inglés sea Thursday por Thor, y en español jueves por Júpiter. Al final, hablamos del mismo dios, porque Thor es la versión nórdica de Júpiter.
- Viernes (Friday): Se debe a Frigg’s day, en honor a Frigg, la diosa nórdica del amor y la fertilidad, equivalente a Venus en la mitología romana. De ahí los nombres en ambos idiomas. Más allá de cómo lo quieras decir, este sigue siendo el día del amor, dedicado a Frigg y a Venus.
- Sábado (Saturday): Este es, según parece, el único día cuyo nombre ha sobrevivido del latín. Saturn’s day, el día de Saturno, dios de la agricultura. Parece que a los vikingos les gustaba cómo los romanos llamaban a este día y lo dejaron igual.
- Domingo (Sunday): Este es el día del sol, Sunday en inglés y Dies solis en latín. Lo que pasa es que los anglosajones lo tradujeron al inglés antiguo y así se quedó. Sin embargo, en el calendario romano, el domingo originalmente se llamaba Dies solis («día del sol»), igual que en inglés. Con la expansión del cristianismo, la Iglesia metió la cuchareta y cambió el nombre para reflejar su importancia religiosa: en el siglo IV, el emperador Constantino declaró el domingo como día de descanso y adoración cristiana, en honor a la resurrección de Cristo. Desde entonces, en las lenguas romances (como el español, el francés y el italiano), el nombre del día evolucionó a partir de Dies Dominicus (dominica en latín vulgar). Mientras tanto, en las lenguas germánicas, como el inglés y el alemán, se conservó la referencia al sol: Sunday (inglés) y Sonntag (alemán), manteniendo la influencia del calendario pagano original.
Tal vez esta información no tenga mayor atractivo que el puro entretenimiento. O quizás te resulte relevante. Eso dependerá de cada quien. Incluso estarán los que consideren este escrito como una auténtica manera de perder el tiempo.
A mí me resulta curioso todo esto de saber el porqué y el de dónde de las cosas, y por eso escribo sobre ello.
Así que, como hacía antaño, terminaré esta entrada curiosa e insustancial con una frase que seguramente cualquiera de los que llegó al final del escrito espera:“Si no lo sabías, ya lo sabes”.

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1 thought on “El origen de los días: entre dioses, astros y traducciones”
Muchas gracias por el aporte ! Los días de la semana como “orden” humano. Proviene de la Astronomía Babilónica , de aquí lo toman los Romanos y adaptan a su cultura mitología. Y supongo que los Nórdicos lo toman de estos últimos ( en alguna conquista territorial / textos / libros ) y buscan equivalencias a su propia mitología… será algo así? Aun así no me queda tan claro Sábado y Domingo .
Gracias