La franquicia del universo Yellowstone ha cautivado a una amplia audiencia que disfruta de las sagas históricas, familiares y generacionales.
Las tres series —1883, 1923 y Yellowstone—, en orden cronológico, recrean el viaje intergeneracional de una familia que tiene un propósito claro: construir un patrimonio y defenderlo a toda costa, sin traicionar sus principios ni valores.
Más allá de su espectacularidad técnica, la serie despierta emociones profundas en los espectadores. No me refiero solo a la aventura, las escenas de acción o la siempre tan atractiva vida de cowboy, sino a aquello que se dice con un tono más bajo: los lazos afectivos que unen a los miembros de cada generación, los sueños —a veces incomprendidos— que algunos personajes están dispuestos a defender hasta las últimas consecuencias y los valores familiares que oscilan entre la unión y la ruptura.
Es cierto que una producción tan extensa, y además estadounidense, resulta casi incapaz de evitar el melodrama, las escenas inverosímiles o la violencia gratuita. Pero eso forma parte del estilo de muchas producciones de ese país. Aun así, 1883, 1923 y Yellowstone son obras magníficas.
En el aspecto visual, destaca su impresionante cinematografía, la fotografía y la ambientación. Las actuaciones, salvo algunas escenas excesivas o repetitivas —sobre todo en Yellowstone—, alcanzan momentos de auténtica excelencia.
También es cierto que algunos conflictos se prolongan más de lo necesario, volviendo ciertos tramos algo monótonos. Pero ¿cuándo fue la última vez que vimos una serie que no incurriera en ese mismo defecto?
En cuanto a los temas, tanto Yellowstone como sus precuelas, 1883 y 1923, combinan de manera efectiva el drama familiar con los elementos clásicos del western, logrando una narración que, en el caso de Yellowstone, resulta moderna y contemporánea.
Las opiniones, como suele ocurrir, son variadas.
Yo también acostumbro a compartir mi opinión. En este caso es que vale la pena ver la serie, preferiblemente en orden: 1883, 1923 y luego Yellowstone.
Si te atraen las historias que siguen el recorrido de una familia a través de generaciones; si cierta dosis de violencia no te resulta insoportable; si te fascinan los paisajes majestuosos de las Montañas Rocosas y tienes la paciencia para pasar muchas horas frente a la pantalla acompañando a una familia que terminarás echando de menos al llegar al último episodio, entonces esta saga es para ti. Si no, busca otra cosa.
Y ahora dime tú: ¿ya viste alguna de las tres? ¿Te quedaste por la historia familiar o por los disparos? Déjalo en los comentarios y recomiéndame otra serie que, según tú, merezca tantas horas de vida frente a la pantalla. La próxima puede ser la tuya.

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