Las indignas, de Agustina Bazterrica

Bienvenido a la página web del escritor Rubén Alfonso Jr.

Rubén nació en Cárdenas, Cuba en 1969. Emigró a Estados Unidos durante los últimos días de 1996. En Miami estudió Administración de Empresas en la universidad Carlos Albizu (CAU) y más adelante obtuvo una Maestría en Comunicación Masiva de la Escuela de Periodismo de La Universidad Internacional de La Florida (FIU).

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Con Las indignas, la escritora argentina vuelve a presentarnos una historia perturbadora. Inquietante, al menos. En esta ocasión se trata de un mundo posapocalíptico, con todo lo que se supone que ello implica y sobre lo que ya se ha escrito un montón.
Es una novela distópica donde abundan los tópicos. La historia transcurre casi toda entre los muros de un antiguo monasterio convertido en refugio de una hermética sociedad de mujeres. Dicha sociedad está gobernada por una estricta Hermana Superior y sirve a un único hombre santo —al que nunca se le ve el rostro y al que llaman simplemente Él—. La narración corre a cargo de una de las novicias, quien escribe a escondidas un diario en papel abandonado por los antiguos monjes, utilizando tintas elaboradas con plantas y tierra.

Quien haya leído Cadáver exquisito y llegue a Las indignas esperando volver a encontrar recursos sorprendentes y realidades imposibles sufrirá una decepción. Esta novela carece de aquellos logros. Aquí encontramos gobierno dictatorial y patriarcal, sociedades machistas, sumisión femenina, esclavitud religiosa y devastación (con tintes de ciencia ficción). Estos y otros tópicos saturan una trama que, por momentos, me costó descifrar.

Si a la anterior novela de Bazterrica le hubiera otorgado seis estrellas en lugar de las cinco habituales, con Las indignas no consigo pasar de tres, lo cual sigue siendo mucho mejor que una o ninguna, desde luego.

La novela parece un pretexto porque sucumbe a fallas que no se justifican fácilmente en alguien capaz de escribir Cadáver exquisito. Los personajes son planos y, con excepción de Lucía y la Hermana Superior, el resto no pasan de simples nombres intercambiables. Para colmo, la narradora se mueve con demasiada libertad en un claustro atemorizante y dictatorial: fisgonea brutalidades cometidas por la Hermana Superior, entra y sale del monasterio hacia el bosque cuando le place, y siempre regresa sin consecuencias. Este comportamiento, sumado a los tópicos ya mencionados, vuelve la historia poco creíble y monótona.

Un giro interesante llega cuando, ya parecía que la historia no daba para más, y entonces aparece Lucía. Ella se convierte en objeto de interés sexual y afectivo de la narradora. Sin embargo, la trama vuelve a decaer cuando la “pérdida” de Lucía lleva a la protagonista a derrotar a Él y a su cómplice, la Hermana Superior, en un clímax más propio de una novela de aventuras que de un relato distópico, acelerando un final predecible y poco inspirado.

No todo merece la misma crítica. Si algo sabe hacer Agustina Bazterrica es crear una sensación de sordidez, de belleza asquerosa, de horror brillante. Aquí lo logra. Maneja un lenguaje que, aunque a veces cruza la línea hacia lo excesivamente lírico, en otras ocasiones alcanza momentos magníficos, con frases y metáforas poderosas:

  • Un olor como una música, como un incendio en el que uno quiere ser quemado.
  • Huele a transpiración y a suciedad, pero predomina el aroma de algo dulce y feroz, como el azul de un cielo límpido, un azul como de piedra preciosa.
  • Su voz era como el color azul oscuro de las golondrinas en vuelo.
  • Sus pasos son como incendios.
  • Olía como imagino que huele el color negro.
  • Todo lo que decía eran palabras sin palabras dentro.

Por todo lo dicho, parecería que la autora propone a los lectores una reflexión sobre nuestra sociedad y su relación con la naturaleza. Sin embargo, lo hace mediante una desafortunada elección de recursos narrativos. Esto convierte a la novela en el pretexto mencionado antes: en realidad, el tema central es la mujer y la sociedad misógina y machista en la que vive. Para desarrollarlo, quizás no hubiera sido necesario recurrir ni a la distopía ni a las amenazas climáticas.

Portada del libro 'Las indignas' de Agustina Bazterrica, con una ilustración artística de figuras humanas desnudas en un fondo etéreo.

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