Il Gattopardo
Netflix lo ha vuelto a hacer. Me refiero a que la plataforma ha vuelto a exhibir una producción genial basada en un libro aún más genial.
Algo como esto es lo que dicen —y, de hecho, dicen— casi todas las reseñas que circulan en internet sobre el reciente estreno de Il Gattopardo.
Es cierto que Netflix ha apostado por producciones extraordinarias basadas en obras literarias monumentales: Pedro Páramo y Cien años de soledad son, sin duda, los mejores ejemplos. Así que no sorprende que la mayoría de las críticas comiencen con un tono similar al de las primeras líneas de esta entrada.
Sin embargo, me importa bien poco reseñar lo que hace o deja de hacer Netflix; para eso ya habrá otros que lo hagan mejor que yo. A mí lo que me interesa —y mucho—es hablar de Il Gattopardo.

Un clásico inmortal
Publicada en 1958, Il Gattopardo de Giuseppe Tomasi di Lampedusa es una de las novelas más importantes de la literatura italiana. A través de la historia del príncipe Fabrizio Salina, la obra retrata con una melancólica lucidez el fin de la aristocracia siciliana en tiempos de la unificación italiana. La frase más célebre del libro, “Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”, se ha convertido en una metáfora de la política y la sociedad italiana.
Esta novela, que en su momento fue rechazada por varias editoriales antes de convertirse en un fenómeno literario póstumo, sigue fascinando a lectores y cineastas por su aguda mirada sobre la decadencia y el inevitable paso del tiempo.
¡Qué producción!
La adaptación de Netflix es una obra maravillosa, o mejor dicho, meravigliosa, para mimetizar con el idioma de la serie.
Pasemos por alto la cuestión de la fidelidad con la novela de Lampedusa o el reto de superar—o al menos igualar—la versión cinematográfica de Visconti, considerada por muchos como una de las mejores películas históricas de todos los tiempos, con Burt Lancaster, Claudia Cardinale y Alain Delon en los papeles principales.
Olvidemos incluso el debate sobre las ventajas y desventajas del cambio de formato, de película a serie de seis episodios.
Lo que realmente importa aquí es que se trata de una producción italiana con un elenco local: Kim Rossi Stuart, Saul Nanni, Benedetta Porcarolli y Deva Cassel, todos magníficos en sus respectivos roles.
Leí en Micropsia, un blog que publica reseñas de este tipo, la siguiente observación:
“La serie es más pintoresca de lo que sería filmada por un local, más sobrecargada de paisajes, vestidos y ‘color’ de lo necesario. Siempre fue una historia excesiva y llamativa, pero hay un preciosismo paisajístico que por momentos se siente exagerado.”
No podría estar más en desacuerdo con este señalamiento.
El preciosismo paisajístico al que se refiere la reseña es, precisamente, uno de los mayores atractivos de la adaptación de Netflix. Se trata de un recurso visualmente seductor, que en una historia de época se agradece. La fotografía es sublime; la ambientación, la musicalización y el vestuario son simplemente espléndidos, al igual que las interpretaciones.
¿Era necesaria una nueva adaptación?
¿Era necesario llevar nuevamente esta novela a la pantalla después de la emblemática película de Visconti?
Tal vez los conocedores de la obra y sus adaptaciones previas digan que no, impulsados por la nostalgia de tres de los actores más icónicos de la historia del cine.
Pero, ¿qué respondería un joven que, ni a palos, se sentaría a ver una película estrenada hace 62 años?
Mientras que la versión de Visconti es un monumento al cine épico, con una fotografía grandiosa y una puesta en escena impresionante, la serie de Netflix opta por un desarrollo más pausado de los personajes, permitiéndonos ver facetas que en la película quedan esbozadas. La profundidad de los diálogos y la riqueza en la ambientación hacen que esta adaptación tenga una identidad propia y no sea solo un homenaje al clásico de 1963.
Es precisamente por esto que defiendo la versión de Il Gattopardo de Netflix 2025.
La defiendo porque está magníficamente actuada, porque la producción es colosal, y porque disfruté cada uno de sus capítulos: sus paisajes sicilianos, su vestuario de época, su música y su bellísimo lenguaje.
¿Y tú, qué opinas?
¿Has visto Il Gattopardo de Netflix? ¿Crees que las nuevas adaptaciones pueden aportar algo a los clásicos o prefieres que las grandes obras permanezcan intactas en su versión original?
Déjame tu opinión en los comentarios. Me encantará leerte.
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