New York se hace grande, aun en pandemia

Sobre Nueva York se ha escrito todo. No por gusto es, entre otras cosas, morada de rascacielos, de súper héroes, de escritores, de fantásticos musicales, del Gran Gatsby, Desayuno en Tiffany, y El Padrino.

La mejor y más descarnada representación de la esencia estadunidense.

La gran manzana, sino consigue asustarte, te enamorará, te atrapará, te envolverá, y jamás te dejará escapar (aunque suene cursi).

La última vez que estuve allí fue en agosto del 2018, mucho antes de que, en algún lugar, alguien decidiera comer la carne de un murciélago infestado con un virus, o que otros culparan a ese hecho por la pandemia mundial que cambiaría la manera en que vivíamos. NYC era entonces lo que casi todos saben: un epicentro del capitalismo, el turismo y el arte.

Dos años y medio después de aquella visita de verano, la ciudad a la que muchos llaman El centro del mundo, me recibió, el 12 de febrero del 2021, como lo hizo tantas otras veces desde el 2004: sin exigirme nada a cambio.

«New York se hace grande, aun en pandemia» le escribí la noche del 13 de febrero a un amigo que, desde Miami, me preguntaba cómo estaba la metrópoli más azotada por el Covid-19 en todo el país.

Las secuelas son palpables, por supuesto: puertas de algunos negocios cerradas para siempre; baños públicos clausurados; calles, antes abarrotadas, ahora apenas concurridas; tiendas vacías, o casi vacías; museos, siempre tan populares, ahora al 25% de su capacidad; teatros, los grandes teatros de Broadway, cerrados indefinidamente.

No obstante, NY sigue ahí, en los que trotan, montan en bicicleta o leen en Central Park.  En la esperanza que se advierte al hablar con alguien que espera el cambio de luz antes de cruzar la calle, en el policía que te saluda al pasar, en el vendedor de perros calientes que echa a andar su negocio cada mañana, en el artista confinado a trabajar desde casa, en el saxofonista que toca solitario en una estación del metro. La fortaleza de New York sigue intacta, las ganas y el ímpetu aún laten en cada hombre, mujer y niño que vive en aquella extraordinaria ciudad.

Nueva York siempre será uno de mis destinos favoritos. Da igual si, a causa de una maldita pandemia, su legendario ritmo vertiginoso haya mermado un poco, o mucho. Ya se recuperará, siempre lo hace.

Mientras tanto, y contra cualquier pronóstico, yo mantendré la devoción por el lugar en donde nunca me sentido un extraño.