Una novela negra encerrada en un paréntesis poético.

Leer a Fernando Ugeda Calabuig (Villena, 1961) es siempre un gusto. Su prosa consta de una indiscutible limpieza estética en donde, sin incurrir en recargas, el autor nos obsequia con un estupendo vocabulario abundante en buenos sustantivos, adjetivos puntuales y frases inteligentes.

Su novela más reciente, Canción de amor para un monstruo, publicada este año por Olé libros, además de lo dicho antes, cumple el principal e inalterable objetivo de cualquier narración: entretener. Es una novela de género negro distribuida en capítulos cortos, de fácil lectura, con una trama dinámica y redonda, y con personajes bien perfilados. Curiosamente las primeras y las últimas páginas de esta historia de crímenes violentos pertenecen al inconfundible mundo de la poesía, demostrando con ello una vez más que el lirismo es una característica presente en toda la obra de este autor.

Canción de amor para un monstruo es una novela para leer en dos o tres tardes, como suele decir un amigo escritor. Es una historia llena de violencia, de venganza y de sadismo, que, a pesar de ello, te arranca una sonrisa en su punto final.

No tengo más que recomendar esta novela, como he hecho con toda la obra de Fernando Ugeda. Por su buena narración, por su excelente manejo del idioma, por sus tramas redondas, por su buena escritura, este es un autor que merece ser leído.

La Malasanta de Tocornal.

Para quienes leemos con curiosidad y avidez no es infrecuente tropezarnos, entre todo lo que pasa delante de nuestros ojos, con alguna asombrosa novela que luego reseñamos en Goodreads, valoramos en Amazon o comentamos y hasta recomendamos a los amigos. Lo extraordinario ocurre cuando, mediante uno de esos asombros, descubrimos a un autor que consigue sorprendernos siempre, con cada cosa que escriba. Tal es el caso de Antonio Tocornal (San Fernando, Cádiz, España).  

Este escritor, que radica en Mallorca, ha escrito múltiples relatos que han sido premiados en algunos de los certámenes más prestigiosos en lengua española, entre los que se encuentran los premios «Gabriel Aresti», «Ignacio Aldecoa», «Gerald Brenan», «José Calderón Escalada» y «Ciudad de Mula-Francisco Ros». Hasta el pasado año también había publicado cuatro novelas, de las cuales tres han sido merecedoras de importantes premios literarios.

En 2022 se ha publicado su quinta novela, Malasanta, que también ha merecido un premio, en este caso el Premio de Novela Felipe Trigo y que desde su salida está recibiendo el más importante de todos los premios, la aceptación de los lectores.

En Media Rueda conversamos con el autor:

MR– Malasanta ha ganado el XLI Premio de Novela «Felipe Trigo». Pero este no es tu único premio como novelista. A excepción de tu primera novela, La ley de los similares, todas las demás han sido premiadas (Premio Vargas Llosa 2017, Premio Diputación de Córdoba 2018, y Premio Valencia 2020) Y no hablaremos de los premios a tus relatos porque no tendríamos para cuando acabar. Con seguridad muchos de los que nos movemos en el mundo literario consideramos admirable esta trayectoria. ¿Cómo lo ves tú? ¿Qué se siente ser y saberse un autor con tantos y tan importantes premios?

AT– Esa es una pregunta recurrente. El escenario ideal sería tener una editorial detrás lo suficientemente fuerte como para publicar todo lo que uno escribe y distribuirlo bien, y que le paguen a uno unos derechos que le permitan vivir de forma digna para poderse dedicar a escribir sin tener que recurrir a otros trabajos. En España eso es un privilegio al alcance de muy pocos. Lo de los premios es un plan de contingencia; una forma de poder publicar y de obtener una contraprestación justa por mi trabajo. Es también una lotería; uno nunca sabe si su obra va a poder pasar los primeros filtros de comités de lectura, o si en el caso de que llegue al jurado final, este va a optar por obras que se adhieran más a sus preferencias personales o que sean más políticamente correctas o que toque los temas de moda. Es cierto que en los últimos años he podido publicar algunas novelas tras haber sido premiadas, y que eso me ha permitido financiarme el tiempo que he necesitado para escribir las demás, pero ya te digo que lo preferible sería lo otro; uno no puede contar siempre con que su manuscrito va a ganar cada vez que se enfrente a cientos o incluso a un millar de competidores: muchos de ellos son muy buenos y seguro que mucho más vendibles.

MR– En tu primera novela narras lo que sucede con un funcionario sin carácter, «un pusilánime». Luego escribiste una magnifica novela sobre la bohemia parisina de un grupo de artistas con poco o ningún éxito. Seguiste con otra extraordinaria historia sobre una familia de emigrantes pelirrojos que irrumpe en un pequeño pueblo en el sur de España. Más adelante sorprendiste a medio mundo lector con la historia de un solitario y enajenado guarda faros en un islote. El broche de oro lo traes este año con Malasanta, la hija de una prostituta tuerta, condenada por nacimiento a continuar con el oficio de su madre. A mí me queda claro que el hilo conductor de tus novelas siempre son antihéroes ¿Hay alguna razón por la que prefieras escribir sobre ese tipo de personajes?

AT–   El catálogo de personajes reales e interesantes que nos rodean es vastísimo y maravilloso, pero los triunfadores me aburren. No se me ocurre qué podría contar de un triunfador sin aburrir igualmente al lector. Donde hay éxito no hay drama. Siempre me han atraído los personajes que están al borde del precipicio; aquellos a los que todo les sale mal. Con un tratamiento adecuado, se les puede dotar de cierta sofisticación que los haga humanos. Me gusta que mis personajes no sean maniqueos, sino que sean ricos en matices; que el lector los pueda llegar a odiar en una página, amar en la siguiente, y que al final del libro quede la sensación de que los comprende y los acepta con todas sus contradicciones. Muchos de ellos nacen de la observación de gente que me rodea, que me cruzo en un bar, en un autobús, o que veo por las noticias de la televisión. Gente normal viviendo historias normales.

MR– Decía Umberto Eco que lo que se define como «instancia de la enunciación» es cuando el autor interviene con un comentario personal para sugerir el sentido que pueden tener las palabras de uno u otro personaje. No estoy seguro si esa afirmación pueda extenderse a la narración o se deba someter exclusivamente al diálogo. De cualquier manera, a mí me ha parecido que tu novela Malasanta evita esa intención de narrador. O sea, el autor reprime su propio juego y deja en absoluta libertad al lector con una narración que hasta el propio Eco llamaría aséptica, donde no aparecen adjetivos sugerentes, como si pretendiera que únicamente el lector digiriera a su propio ritmo y manera lo que cuenta la historia. Es, a mi juicio, uno de los mayores logros de esta extraordinaria novela. Y, aun así, Malasanta revuelve el estómago del lector con los olores corporales de Dámasa la tuerta, con los muñones de Niño Truncado, con la verga embadurnada de Cándido Fogoso, con los dientes de Próspero el polilla… ¿Cómo se consigue un efecto tan asombroso?

AT–    En Malasanta intento anular al narrador. Intento ocultarlo, despojarlo de su personalidad y de su estilo hasta reducirlo a la mínima expresión, y de esa forma dejar que los personajes se vean con más claridad y que sean ellos mismos los que cuenten la historia sin ser molestados por las matizaciones del narrador-autor, que no es más que una herramienta necesaria. Lo fácil habría sido dejarlos hablar a ellos y llenar la novela de diálogos, pero habrás notado que en mis novelas apenas hay diálogos; es un recurso que no utilizo porque es demasiado fácil de tragar; tal vez me gusta complicarme la vida. He descubierto que desde la sombra es más interesante desplegar toda la potencia de los personajes y de la trama, ya que no hay piruetas estilísticas que distraigan al lector. Busco la narración desnuda y pura. Eso se consigue trabajando la precisión del lenguaje, pero requiere un gran esfuerzo e ir construyendo el texto sin prisas. Basta con romperse la cabeza en cada párrafo para encontrar la palabra precisa; si la encuentras, sobran los adjetivos, los adornos y casi las descripciones.

MR– Sé de primera mano que aceptas manuscritos de otros escritores y que trabajas con ellos en la corrección de sus textos. Para alguien como tú, que manejas tan bien el lenguaje y que escribes con prosa y con estilo tan pulidos, consiguiendo novelas de estructuras impecables y libros técnicamente perfectos, como dijo Manuel Rodríguez Marcos a propósito de Malasanta, ¿cómo es el reto de trabajar con escritores que rara vez se acercan a tal grado de perfección y que la mayoría de las veces carecen de toda esa técnica que tu dominas tan bien?

AT–     Bueno, obviando el hecho de que Manuel exagera, parto de la base de que todo manuscrito, de forma independiente a sus cualidades artísticas, es susceptible de ser mejorado, y que tiene que ser el propio autor quien lo haga. Tengo muchísimo respeto por todo aquel que ha sentido la necesidad de enfrentarse al reto de escribir un relato o una novela, y me siento muy honrado cuando confían en mi criterio, me mandan sus manuscritos y se gastan su dinero para que yo intervenga en ellos. Intento encontrar las cualidades del escritor y que él mismo las potencie sin que se note mi mano, pero también le hago saber sin demasiados escrúpulos cuándo a mí juicio está metiendo la pata. Corregir un manuscrito largo es un proceso de meses. Mi labor no es mejorarlo, sino dar las herramientas al autor para que sea él quien lo haga. Cuando el autor tiene la humildad de aceptar buena parte de mis sugerencias y corrige su texto teniéndolas en cuenta, el resultado suele ser espectacular, y a menudo esos autores repiten. Sin embargo, si sospecho que el autor no se quiere involucrar o es perezoso o demasiado cerrado en sus convicciones, no acepto el encargo. Me gusta quedar en la sombra; de hecho, pido de forma expresa no ser mencionado en los agradecimientos si el manuscrito se llega a publicar, pero me gusta ver que, si lo consigue, el resultado es muy superior a sus borradores primitivos. Es muy satisfactorio ver docenas de libros en el mercado que serían diferentes de no haber pasado por mis manos en su proceso de edición. Creo que debe de ser algo parecido a la satisfacción del entrenador o del masajista de un atleta de élite cuando ve que este gana una competición y que tal vez sus cuidados han ayudado en algo.

MR– Por ultimo quiero que hablemos del lector. Se sabe que, a medida que un pintor trabaja en un cuadro, va tomando distancia a cada rato para estudiar el efecto con los ojos del que más adelante mirará el cuadro en una pared.  Podría decirse entonces que el artista pinta pensando en un determinado público. Lo mismo ocurre con la música y con la mayoría, sino con todas las artes. ¿En qué lector piensa Antonio Tocornal cuando escribe sus novelas? ¿Cómo sería el lector modelo que visualizas?

AT–     Respeto muchísimo al lector, y precisamente por eso no pienso en absoluto en él cuando escribo, porque no le quiero entregar un «producto procesado». Pienso si acaso en otros autores que admiro; en cómo resolvería una descripción o un giro tal o cual autor. O pienso en mí mismo como lector, en cómo recibiría yo determinado texto si lo leyese por primera vez. Creo que el escritor que se deja condicionar y que modifica su estilo natural o incluso sus temas para gustar a un determinado nicho de mercado o a un espectro de lectores está dando los primeros pasos para alejarse de la Literatura con mayúsculas y acercarse al mercado con minúscula, puesto que ya considera su obra no con ojos de artista, sino como un producto mercantil incluso antes de terminarla, por lo que inevitablemente nacerá muerta artísticamente hablando. Creo que hay que escribir como si uno estuviese solo en el mundo y como si el texto nunca fuese a ser leído por nadie. Como si el proceso de escritura no obedeciese a nada que no fuese un compromiso a vida o muerte con la literatura; a una búsqueda de conocimiento personal, a un camino vital.

Antonio Tocornal estudió Bellas Artes en Sevilla y vivió durante muchos años en Paris, antes de instalarse definitivamente en Mallorca. Se declara así mismo, ante todo lector, y considera la escritura como algo circunstancial. Desde hace algunos años se dedica únicamente a la literatura: «…a leer a tiempo completo; a escribir únicamente cuando tengo algo que contar, y a asesorar a otros escritores que confían en mi criterio para intentar mejorar sus manuscritos»

En su página de autor, https://antoniotocornal.com/, se pueden leer algunos de sus relatos, ver entrevistas, videos con reseñas y comprar sus novelas. Antonio Tocornal, como ya se ha dicho, ofrece sus servicios de corrector y asesor a autores que busquen pulir y mejorar sus textos. Dichos servicios también pueden contratarse a través de su página web.

Malasanta

Si algo ha quedado claro en la literatura de Antonio Tocornal es su extraordinario manejo del lenguaje. No me refiero al uso de palabras rebuscadas o términos especializados, sino a la aparente comodidad con la que el autor se mueve entre frases puntuales, adjetivos precisos, metáforas tan dosificadas y efectivas como un medicamento controlado.

Malasanta, que es una novela de la que seguramente mucho se dirá, es el ejemplo más
reciente de la habilidad narrativa del autor de Bajamares, Pájaros en un cielo de estaño y La
noche en que pude haber visto tocar a Dizzy Gillespie

Durante la primera parte del libro estuve, sin éxito, buscando un destino. Con algo de angustia el yo lector reconocía el camino que recorrían los personajes, pero no conseguía descifrar hacia donde se dirigían. Al llegar a la mitad de la novela, un punto de giro como un meridiano me hizo creer que por fin el héroe gobernaba la dirección de sus pasos. Me sentí más tranquilo. No obstante, pronto comprendí, o la novela me convenció de que el destino no podría ser otro que el propio comienzo, porque esta magnífica historia, por las características de los temas que aborda, solo puede moverse como lo hace un pez candela dentro de una pecera redonda, o como un feto nonato en un retrete en descarga. Siempre en círculos.

Malasanta es una novela —que muy bien podría ser un conjunto de relatos hecho novela— escrita con tan magistral arte que tal parece que no existiera narrador en ella, a pesar de que los diálogos se cuentan con los dedos. Esta contradicción se explica, creo yo, porque Tocornal consigue el raro efecto de escribir sin emoción sobre repugnantes y vetadas miserias humanas:

«Los clientes, por su parte, por lo poco que pagaban, tampoco se atrevían a poner reparos a los golondrinos que adornaban las sobaqueras de la tuerta […] a su aliento a tabaco negro y a repollo antiguo […] a lo mucho que había dado de sí y se había ido ajando su herramienta de trabajo…»

No existe en la novela un solo adjetivo sugerente, influyente y con ello el narrador se desvanece y deja al lector sin poder culpar a nadie más por sus propios retorcijones de estómago.

¡Un logro monumental!

He leído, del puño y letra del propio autor, que no le interesa demasiado lo que le cuenta un libro, sino cómo lo cuenta. Con Malasanta hace honor a su propio interés de lector. Esta es una obra que más que el qué, resalta de manera superlativa el cómo y para ello toma como pretexto a la hija de una prostituta tuerta, aunque el pretexto podría haber sido la cocinera de una fonda de barrio en un pueblo de Inglaterra o incluso una niña huérfana en una escuela industrial al norte de Florida. La historia no perdería un ápice de credibilidad y majestuosidad. 

Con una musicalidad que evoca a La familia de Pascual Duarte, ramalazos de lirismo, magníficos y siempre bien recibidos guiños a Bajamares y a Pájaros en un cielo de estaño y con una extraordinaria, imposible e inexplicable ausencia del narrador, Malasanta nos da la vuelta como lectores, nos vira de revés y nos deja frente a nosotros mismos sabiendo que las peores cosas de la vida, así como las mejores, viven dentro de cada uno de nosotros.

 «porque dentro de toda alma humana se esconde una contradicción»

¡BRAVO!

La memoria del alambre

Bárbara Blasco lo ha vuelto a hacer.

En realidad, debo decir que ya lo había hecho antes porque a lo que me refiero es a su manera tan tremenda de contar historias. Primero leí Dicen los síntomas (Premio Tusquets Editores de Novela 2020) y me pareció una obra estupenda. Una novela descarnada y sincera en donde la autora echa mano de unas habilidades y recursos narrativos envidiables. Ahora he leído La memoria del alambre, que fue escrita en 2018 y publicada por lo que parece ser una editorial sin mucho renombre o hasta sin mucho nombre, no lo sé, pero algo de eso he leído, y que este año ha reeditado y publicado precisamente Tusquets.

Un correo electrónico sirve de pretexto para que descubramos la vibrante historia de dos adolescentes marcadas por la sexualidad y el sexo, más por el sexo directo y sin adornos que por otra cosa. Dos amigas que se arriesgan a ser locas, a actuar como locas, a creerse medio locas y libres y rebeldes. Una historia que unas veces es brutal y otras delicada, piadosa, pero que en todo momento hace alarde de buena literatura, con todas sus letras.   

La memoria del alambre ya es considerada uno de los mejores libros del año, según un artículo en El Confidencial. Y a mí no me extraña nada porque la calidad narrativa es de las mejores.

A la escritora española las metáforas y las frases memorables se les caen de los bolsillos como si fuese ella la dueña absoluta de todas las buenas frases y buenas metáforas de nuestro idioma, y uno, que intenta escribir, siente ganas ingobernables de robarle alguna de esas maravillas: “Andaba con la conciencia siempre a cuestas”; “…es silenciosa como un perro obediente”; “…su sudor, su postura, su olor eran masticables”; “Me reconfortan las desgracias”.

En efecto, tal parece que, además del personaje de La memoria del alambre, a la autora también le reconfortan las desgracias porque en las dos novelas que he leído la desgracia está presente con una fuerza imparable.

Además de todas las cosas buenas que es esta novela por sí misma, su publicación a cargo de una editorial importante, tras cuatro años de anonimato, representa un indicio de que no todo lo que publican las grandes editoriales responde a mercantilismos. A veces, solo a veces, también se interesan por la literatura en su estado mas puro.

Bárbara Blasco es una escritora que hay que seguir y hasta perseguir un poco. Por los temas que aborda en su escritura, por su prosa, por sus magníficas metáforas y sus frases inmortales, por ese lirismo solapado conque escribe sobre tragedias y desperdicios humanos, porque como su personaje, ella ofrece lo mejor que puede tener un escritor: “No tengo certeza que ofrecer, solo palabras, la trampa de las palabras que nos atrapan a los dos años y no nos suelta hasta oírnos expirar. Aunque callara ahora, lo haría con palabras”

Lecturas de noviembre

–       La alternativa del escorpión, de Fernando Ugeda Calabuig

Londres, tres de noviembre de 1899. Una chica irlandesa es encontrada tumbada en su lecho con un cuchillo clavado en el corazón. El inspector a cargo de la investigación no tardará demasiado en descubrir que el siniestro no pertenece al género de los crímenes de Jack ni a ninguno de los que investiga Sherlock. Esta vez se trata de otra cosa.

Me ha gustado el lenguaje que utiliza el autor durante toda la narración, aunque reconozco que al principio me molestó un poco la adjetivación y ese aire rimbombante con que los personajes hablan, pero pronto comprendí que no podría haber sido de otra manera pues se trata de un narrador personaje que vive y escribe en el adorable Londres, durante los últimos años de la era victoriana. Así hablaban en aquellos tiempos, según creemos por lo que nos dice la literatura y el cine.

Luego viene la cuestión de la trama. Creía que me enfrentaba a una novela policiaca: asesinatos, detectives, investigación criminal, etc. Todo eso existe en la novela, es cierto, pero no la veo como policiaca. Cuando se desvela las causas reales de la muerte de Mary la historia toma un giro que la convierte en otra cosa. No sabría decir qué, pero otra cosa. Aunque no por ello pierde calidad, según mi parecer sucede todo lo contrario. La novela se crece con ese giro. Eso sí, la manera en que nos enteramos de lo ocurrido no me convence del todo. Esa confesión epistolar tiene un ligero gustillo a Deux ex machina. Yo habría intentado resolverlo de otra forma, de ahí que mi valoración sea de cuatro estrellas y no cinco.

Excelente las cavilaciones filosóficas a lo largo de toda la narración. Lo mismo digo de la crítica social y de credo religioso. Ese aspecto merece una A+. En general he disfrutado mucho de la lectura y la recomiendo. Todo el tiempo tuve la extraña sensación de que leía literatura de época. O sea, de “aquella época.”

Como dice la contraportada del libro: “Amistad, honor, traición, amor… Todo es conjugado hábilmente a lo largo de una historia que, como un juego de espejos, conducirá al lector a un insospechado final.”

–        La madre de Frankenstein: Episodios de una guerra interminable, de Almudena Grandes.

Esta es una novela que hace honor incuestionable a una parte de su título: “interminable”. Lo primero es que, en lugar de una novela literaria, esta tiene mucha más pinta de telenovela, o en mi caso, radio novela, porque la he escuchado en audio libro.

La historia presenta algunos capítulos interesantes y atractivos. Pero la mayoría de ellos son sumamente aburridos y desgastantes en su lectura (o escucha). La autora hace un uso desmedido e injustificado del recurso de repetición con sus porqués y otras palabras similares. Incluso la repetición aparece hasta en los discursos de personajes, pues al utilizar diferentes voces narrativas (4 en total), en ocasiones un personaje repite lo que ya otro ha dicho antes y los lectores tenemos que volver a pasar por el mismo pasaje más de una vez. Como si con una no fuera suficiente.

Uno de los aspectos más desconcertante de esta novela es el título. A mí se me antoja como el chicle que alguien se saca de la boca para pegar algo a una superficie. Es que La madre de Frankenstein, propiamente dicha, es un pretexto para contar una historia que no tiene nada que ver con lo que dicho título implica. Esto va más de la historia de un país en una época pos guerra, durante una dictadura, con una sociedad prejuiciada. Yo que sé, pero de madre y de Frankenstein esto no tiene nada. Las notas aclaratorias al final de la novela intentan justificar la elección del título. Según veo yo las cosas, no lo consigue.

Con todo esto no intento restarle el mérito que pueda tener una historia tan interesante, que lo es, claro que sí. Pero como literatura a mí me aburrió, me agobió y me pareció que, en todo caso y, sin intención de faltar al respeto sino solo con la idea de jugar con las palabras, la madre de Frankenstein sería la propia autora y su hijo esta gigantesca novela repleta de retazos de diferentes colores y formas.

La buena suerte, de Rosa Montero.

Me decidí a leer esta novela motivado por la valoración que hizo sobre ella, la escritora Marta Querol. En realidad, no la leí, sino que la escuché en audio libro, que no es lo mismo, pero es igual.

Un hombre misterioso toma una decisión aún más misteriosa y decide instalarse en un piso asqueroso y deprimente, en un pueblo perdido y medio muerto. A partir de esa situación el lector descubrirá un grupo de personajes extraordinarios con características muy individuales y voces propias. La intriga detrás de la extraña decisión de “aquel hombre” se irá dilucidando a medida que la trama nos permita adentrarnos en su psicología y sus motivaciones.

“Un libro humano, tierno, inquietante…” decía Querol en evidente referencia a la historia que se narra. Yo agregaría un par de adjetivos: desgarrador y punzante.

Es una novela escrita con pulcritud, con excelente manejo del lenguaje y con extraordinaria habilidad narrativa. Llama mi atención el recurso de estilo en cuanto a la voz narrativa: mientras los personajes que tienen algún peso en la historia hablan en primera persona, convirtiéndose en narradores, en lo referente al hombre misterioso, que pudiese ser el protagonista de la historia, o tal vez no, se utiliza un narrador omnisciente en tercera persona.

A pesar de que no me gusta el uso de diferentes voces narrativas, reconozco que en este caso ha sido un toque delicioso que incluso, ayuda a identificar la psicología propia de cada personaje. ¡Muy bien por la autora!

Ha sido, en fin, una lectura que he disfrutado desde sus primeras líneas. En el caso del audio libro, la narración es de las mejores que he escuchado.

Sin dudas un libro 100% recomendable.

Pecado Original, de Karimn Slaughter.

Leer a esta escritora best seller es siempre un gusto. Su serie de novelas policiacas protagonizadas por el agente Will Trent contienen una intensidad y un dinamismo impresionantes. En el caso de Pecado Original, la historia tiene lugar en apenas treinta y seis horas y desde la página número tres la tensión se eleva sin mermar un solo segundo, hasta el punto final, sin que con ello la novela se convierta, ni por un instante, en una historieta de tiroteos y coches chirriando las ruedas.

Slaugter es capaz de describir los diversos aspectos de una investigación policial de manera magistral y las situaciones dramáticas, así como sus personajes, están fuertemente matizados con un trasfondo cargado de complejidad y psicología, donde siempre hay lugar para sorprender al lector (confieso que son estos aspectos que podría imitar en mis propias novelas)

Sin embargo, no podría decir que es la mejor novela de Slauther, pongo otras en lugar de preferencia. Tal vez sea porque, al haber leído los libros de la serie de manera desordenada, en este, que es el 2 de 5, no me sorprende demasiado la historia de Will y los demás personajes. De ser así, la culpa es mía.

Con todo, si te gusta la novela policiaca con mucha adrenalina, fuerte dosis de psicología y secretos tras bambalinas, Pecado original es el libro.

–        El crimen del señor Chase, de James Halloran

No recuerdo qué hizo que comprara este libro que no es más que un intento de thriller de misterio con muchas carencias.
El autor pretende, o eso parece, una imitación entre Poe, Cortazar y Conan Doyle, por increíble que esto suene. Por supuesto que no lo consigue. En cambio, este relato de 50 páginas termina siendo un thriller que parece haber sido escrito por un adolescente. Los personajes son planos, casi tontos. Las situaciones, traídas por los pelos, tampoco ayudan. Y el final no podría ser más simplista e infantil.

Lecturas de octubre

EL INFILTRADO

de Marta Querol.

A una aldea en donde los vivos conviven con las almas de los muertos y en donde todo transcurre con paz y tranquilidad, llega un forastero que alterará el orden natural de las cosas para los lugareños. La capacidad de seducción de dicho forastero pondrá en jaque la supuesta integridad de los aldeanos y cuestionará ciertos valores que todos dan por hecho.

Se trata de una novela fuera de lo común y lo predecible, donde no existe un personaje central, al menos no con nombre, con cuerpo físico y con voz de humano, aunque sí muy presente y con una fuerza extraordinaria. El infiltrado es una magnifica novela, escrita con pulcritud, que adopta al thriller, al erotismo, al misticismo, al crimen, a lo gótico, y por la ambientación, casi a lo histórico. Según veo yo las cosas, este es de esos libros que se infiltra en la memoria lectora con serias intenciones de quedarse. ¡Altamente recomendado!

EL PACIENTE

de Juan Gómez Jurado.

Un neurocirujano es víctima de un chantaje que lo obliga a elegir entre la vida del presidente de Estados Unidos (presumiblemente Barack Obama) y la de su propia hija. Una historia entretenida, ágil y dinámica que mantiene un buen ritmo durante toda la narración y engancha al lector. No obstante, la verisimilitud de la narración es cuestionable, por momentos, absolutamente increíble y “paquetera”, como diríamos en mi país para describir esas escenas de películas que no podrían ser verdad de ninguna manera. De ahí se deduce que la novela es entretenida tanto como lo pudiese ser una película de acción de Hollywood. Según mi corta experiencia con la obra de este autor, tal parece que suele arrimarse bastante a ese tipo de narración.

Así es que, si lo tuyo es la acción y el entretenimiento, sin que los fallos en la rigurosidad y la veracidad de los hechos sea algo que te detenga, esta novela puede ser una buena opción.

LAS DONCELLAS

de Alex Michaelides.

Los crímenes de chicas que han ocurrido en Cambridge parecen responder a algún tipo de ritual. Mariana, una psicoanalista, tía de una estudiante de dicha universidad, se ve involucrada en la investigación. Los indicios apuntan como sospechoso al profesor Fosca, un carismático catedrático de Filología Clásica que tiene un grupo de discípulas conocidas como las Doncellas.

Se trata de la segunda novela del escritor britano0chipriota (La paciente silenciosa, 2019). Como ocurre con su obra prima, esta segunda entrega atrapa al lector y mantiene el pulso durante toda la narración. En todo caso con Las doncellas el autor consigue superar la debilidad de la novela anterior por el giro de tuerca al final y porque consigue despistar y ocultar el desenlace hasta el último momento, de manera sorprendente. Es una buena novela de misterio y suspense. Entretenida y recomendada.

NIEBLA EN TANGER

de Cristina López Barrio.

Fue casi por casualidad que leí esta novela, o por la curiosidad intencionada de verificar el estilo de escritura de quien imparte un curso al que, no sé ni cómo, me había enlistado.

En principio me chocó el tiempo verbal de la narración. Más adelante comprendí que era una manera eficiente de construir un libro con la estructura de novela dentro de la novela. No es el mejor libro del mundo, pero dista mucho de ser malo (al menos para mi gusto). A decir verdad, lo he disfrutado mucho. Es, como he dicho antes dos novelas en una, siendo una de ellas mejor que la otra, pero necesitándose ambas para poder existir. Hay algunos personajes que quedan algo flojos y la psicoanalista se lleva el primer lugar entre ellos. Me detengo en ella porque es un personaje con mucha participación: Se trata de una argentina divertida y ocurrente que nos saca más de una sonrisa pero que actúa y reacciona de todas las maneras posibles en las que un psicólogo jamás actuaría. No era necesario, digo yo, darle el rol de terapeuta. Conque hubiese sido solo la amiga argentina medio loca hubiese sido más que suficiente, y más cribe.

Los motivos del personaje protagónico están algo por los pelos. Es algo en lo que podría y debería haberse profundizado más, porque de lo contrario queda como un débil pretexto, como algo superficial para contar el resto de la historia. No obstante, la novela tiene embrujo y atrapa como si fuese un pulpo que no te suelta con un gancho que obliga a devorar las páginas y pasar por alto cualquiera de las nimiedades que he mencionado antes. No tengo ni idea si merecía o no ser finalista del Planeta o ganarlo o no haber participado. Eso lo sabrán los que organizan el premio, no creo que ninguna otra persona pueda responder esa interrogante.

Como lectura: fácil, ágil, cautivadora, por momentos trepidante y apasionada. La he disfrutado muchísimo y la recomiendo.

CARTA DE UNA DESCONOCIDA

de Stefan Zweig.

Compré este libro después de leer una reseña en goodreads. Me interesé en él, más que todo, por tratarse del género epistolar, que es algo en lo que ando inmerso en estos días.  He de decir que la edición que compré en Amazon es lamentable, con demasiados errores de impresión.

En cuanto a la obra en sí, creo que se trata de una carta muy extensa y por momentos repetitiva. No presenta artilugios innecesarios en la narración que se acopla a la época y lo melodramático del tema. Porque ha de ser dicho que se trata de una carta todo lo corta venas y melodramática que podría esperarse en una tragedia sentimental, publicada por primera vez en 1922 y con una trama que transcurre durante los primeros diez y ocho años del siglo pasado. La historia ha sido llevada al cine y la TV en múltiples ocasiones, desde 1948 hasta 2011.

Como lectura de entretenimiento en general, está bien. Para lectores en busca del drama sentimental del siglo XIX y principios del XX, es ideal.

SAPIENS. DE ANIMALES A DIOSES

de Yuval Noah Vesga.

Este último es, sin duda, de esos libros que levanta ronchas. Basta leer las revisiones y opiniones de los lectores para comprobar la veracidad de lo que digo. Antes de emitir alguna opinión sobre la obra, sería beneficioso repasar, muy brevemente, las credenciales de su autor:

“Yuval Noah Harari (1976) es profesor de historia en la Universidad Hebrea de Jerusalén. Se especializó en historia medieval e historia militar, pero tras doctorarse en Historia por la Universidad de Oxford, pasó al campo más amplio de la historia del mundo y los procesos macrohistóricos. Sus libros incluyen Special Operations in the Age of Chivalry, 1100-1550, The Ultimate Experience: Battlefield Revelations and the Making of Modern War Culture, 1450-2000, The Concept of «Decisive Battles» in World History y Armchairs, Coffee and Authority: Eye-witnesses and Flesh-witnesses, Speak about War, 1100-2000. Su libro Sapiens. De animales a dioses ha sido un éxito internacional que se ha traducido a treinta idiomas y ha vendido más de un millón de ejemplares.”

O sea, que algo sabrá sobre lo que escribe.

Regresando al libro, me ha parecido de lo más instructivo y, en cierto punto, revelador. Como dije antes, es un texto que levanta ronchas. Y cómo no serlo si echa por tierra los pilares principales de creencias, costumbres y, sobre todo, religiones, explicando los distintos fenómenos que aborda de una manera mucho más científica y constatable.

A pesar de tratarse de un libro especializado, emplea un lenguaje claro y fácil de entender. El autor consigue hacer un recorrido, nada aburrido, por la historia evolutiva del Homo Sapiens, que se dice fácil pero no creo que cualquiera consiga hacer algo así.

En fin, si te molesta que te demuestren que no hay un dios ni arriba ni abajo, o que los seres humanos somos el depredador más grande que ha existido nunca, o que el brutal y cruel trato a los animales por la industria alimenticia ha conseguido que vivamos más y mejor que nunca antes, o un millón de cosas más que, repito, pueden levantar ronchas, pues este no es tu libro. Por otro lado, si los cuentos de hadas no es lo tuyo y si te interesa el conocimiento sobre la evolución biológica, sin dioses ni arquitectos sobrenaturales, entonces te recomiendo Sapiens. De animales a dioses. ¡Un libro extraordinario!

Ya a la venta

EL ZORRO Y LOS SABUESOS

El detective Alex Ramírez y la psiquiatra forense Rachel Robinson están a cargo de aclarar un asesinato ocurrido en la ciudad de Miami. Dicho crimen amenaza con convertirse en el primero de una larga lista de ejecuciones si no se atrapa pronto al supuesto responsable. El asesino, con habilidad e inteligencia, parece jugar con la Policía a través de una serie de pistas verdaderas y falsas que va dejando aquí y allá sin otro objetivo que despistarlos para poder dar por finalizada su macabra tarea.

El libro trata sobre un buen puñado de temas que nunca envejecen y se mantienen vigentes a lo largo del tiempo: la violencia intrafamiliar y de género, la amistad, la desesperación, los límites a los que se enfrentan quienes nacen en entornos desfavorecidos, el trabajo policial y detectivesco, y quizás por encima de todo, las razones de la venganza y su justeza.

Lecturas de julio

Cada mes les comparto mi opinión —de lector— sobre los libros que leo, y julio no será la excepción. Me dispongo, esta vez con cierta premura, a desvelar los pros y los contras, según lo veo yo, de cinco libros, o, mejor dicho, de cuatro, porque este mes releí El conde de Montecristo y de esa joyita no seré yo quien se atreva a agregar algo a estas alturas.

Empiezo la lista con un libro que me ha sorprendido y que me ha dado mucho placer leer: Las noventa habanas, de Dainerys Machado Vento. Se trata de un grupo de buenos relatos, algunos de ellos extraordinarios, en los que se narran, siempre desde el punto de vista de una mujer, hechos que tienen lugar en la capital cubana. En internet se puede encontrar algunas reseñas sobre este libro, siempre aludiendo al tema político, aun cuando insistan en que no es así. Yo prefiero hacer una lectura diferente de estos relatos. Para mí, más que cualquier otra cosa, este es un libro lleno de valentía y honestidad, algo que escasea entre los escritores de nuestro tiempo.

Son historias de niñas, adolescentes y adultas que, por momentos desgarran, mientras te arrancan una sonrisa, paradoja tan cotidiana en la realidad de mi país. Repito que se trata de un libro que desborda honestidad y que recomiendo cien por cien por lo descarnado, sincero y bien escrito. No se arrepentirán.

El segundo lugar de esta lista le corresponde a La desaparición de Stephanie Mailer, de Joël Dicker. Como suele ocurrir con las novelas de Dicker, la trama da giros en dos o más líneas temporales y propone un misterio a descubrir. Es una buena novela, sin embargo, debo reconocer que es la que menos me ha gustado de las tres o cuatro que he leído de este autor. Tal vez la culpa de ello recaiga un poco en su enorme extensión, aunque sospecho que hay algo más detrás de mi valoración. El final, por ejemplo, me pareció poco creíble. A pesar de ello, repito que es una buena novela, como todas las del autor sueco. Si se tiene paciencia y buena disciplina de lector, puede ser una buena elección. No obstante, si nunca antes has leído nada de Dicker, te recomiendo que empieces por otros títulos y dejes este para más adelante, cuando ya te hayas formado una opinión sobre el escritor.

Luego vino Rey Blanco, de Juan Gómez Jurado. Al parecer esta es la última —o la más reciente— entrega de la saga de Antonia Scott y Jon Gutiérrez, los personajes que se ha inventado el escritor madrileño, y que incluye los títulos Reyna Roja y Loba Negra. Libros que yo no he leído. La novela es entretenida, con muchísima acción desde el comienzo y con un lenguaje bastante bien cuidado, gracias al dios de la escritura, quien quiera que sea. El autor recurre a varios trucos del cine de acción de Hollywood, con lo cual crea un ritmo ágil, aunque demasiado comercial. Esta no será una «novela para recordar» o cuestionarnos ningún aspecto de nuestra existencia; aunque sí para disfrutar y entretenernos. Si te gusta el suspenso, la acción y el ritmo acelerado en la lectura, esta podría ser una excelente opción.  

He dejado para el final la novela que he calificado como revelación del mes, Isla de la juventud pinos, de Yunior Santana y Gilberto Reyes. No conozco a Santana de nada, ni de su obra, que consta de tres novelas, según creo; ni de ninguna otra cosa. A Gilberto, en cambio, lo conozco desde hace más de veinte años, cuando, en horas de trabajo y bajo seudónimo para que mi jefa de entonces no me descubriera, entraba en el grupo de chat del programa radial más famoso de la radio de Miami y participaba de las locuras que se inventaban Los fonomemecos. A Reyes lo he visto en diferentes facetas: en su carrera profesional como actor de tv, teatro y cine. También lo conozco como locutor de radio, conductor de un show estelar en la televisión, empresario, anfitrión y amigo, entre otras cosas. Pero jamás lo imaginé escritor, de ahí que una novela suya sea una revelación para mí.

Mediante un grupo de sucesos reales y otros ficticios, que tuvieron lugar entre octubre de 1962 y febrero de 2007, Santana y Reyes tejen a cuatro manos una trepidante historia que mantiene el pulso y atrapa el interés del lector durante toda la lectura, que se dice fácil, pero no lo es. No estoy seguro si la novela debería catalogarse como novela histórica porque el periodo en que transcurre la trama es relativamente reciente. No obstante, cumple con varios de los siete rasgos más característicos de ese género, según wikipedia:   

  • Sentido histórico de la época
  • Revitalización del pasado con una proyección pretendidamente realista
  • Carácter popular, entendido como el reflejo de la realidad social y los grupos que la forman
  • Preferencia por personajes cuya individualidad refleja un carácter medio o típico
  • Aplicación al presente al día de hoy
  • Incidencia del anacronismo que sea preciso
  • Condición crítica constitutiva del género, toda vez que encierra un conflicto entre historia y ficción, que conduce a una nueva forma de novela, la novela realista, encarnada según Lukács en Honoré Balzac.

En detrimento de la novela he de decir que adolece de cierta rigurosidad literaria, sobre todo en el estilo, y que la corrección que realizó la editorial o quien quiera que estuviese a cargo de esa tarea, si es que se hizo tal cosa, fue algo superficial y sin ninguna seriedad. Es por ello que tropezamos con erratas, reiteraciones, aliteraciones innecesarias y anglicismos que, de haber sometido el texto a un trabajo serio de corrección, podrían haber desaparecido y la novela hubiese terminado con el brillo que merece una historia como esa.

Señores editores, que no todo es corregir algunas tildes, cobrar y mandar a imprimir. Hay que trabajar un poco más y con mayor seriedad, que los lectores y escritores no somos idiotas.

Fuera como fuese y dejando de lado el mal trabajo de terceros, Isla de la juventud pinos es una historia que encierra una aventura excepcional y que, sin que me quepa la más mínima duda, es también una forma de venganza frente a una dictadura militar que ha cobrado muchas vidas, sueños y ganas de vivir. Es por esto que, al concluir su lectura, cerré el libro con una sonrisa de satisfacción. A todos nos hubiese encantado que los sucesos con que culmina esa historia hubiesen sido reales, al menos así nosotros, los cubanos, estaríamos seguros de no habernos «quedao dao».

Pero, ¿Quién quita que no haya sucedido como lo cuentan los autores? Después de todo, la magia de la ficción está en que el lector jamás sabrá si lo que lee es del todo cierto o no lo es en absoluto.

Lecturas de junio

Mujeres que no perdonan, de Camilla Läckberg, Escrito en sangre, de Federico Axat, La intérprete de cuerpos, de Anne Fraiser, Y Julia retó a los dioses, de Santiago Posteguillo, Historia viva, de Hillary Clinton. Estos han sido los libros que he leído durante el mes de junio. La verdad es que ninguno de ellos resultó ser excepcional, lo cual no me hace particularmente feliz. A pesar de una calidad promedio, merecen que se comente sobre ellos porque algo tienen de rescatable, unos más que otros.

Mujeres que no perdonan, de Camilla Läckberg. Esta novela resultó ser el libro más sorprendente del mes. Sin demasiados aspavientos ni pretensiones de ninguna clase, esta novela narra la historia de tres mujeres: Ingrid, Victoria y Birgitta, que en apariencias no tienen nada en común. No obstante, las circunstancias en las que vive cada una, las lleva a coincidir y planear el crimen perfecto. Fue una sorpresa porque no esperaba que detrás de una novela sencilla, con lenguaje común y sin alarde de ningún tipo, se escondiera una trama criminal elaborada con minuciosidad. Es una novela fácil de leer, entretenida y creíble. Nada demasiado sofisticado, como he dicho antes, pero se puede pasar un buen rato con su lectura.

Escrito en sangre, de Federico Axat.  Desde el punto de vista de la investigación criminal, la novela aporta mucho a quienes escribimos policiacos y thrillers. La trama es elaborada y por momentos ingeniosa. Pero falla en el lenguaje cargado de molestas florituras y adornos; en la excesiva extensión y, tal vez, en el final un tanto ambiguo. Por lo demás, si gusta de policiacos más o menos dinámicos, sin mucha finesa literaria pero entretenidos, esta puede ser una buena opción.

La intérprete de cuerpos, de Anne Fraiser. Esta es una novela a la que le sobra la mitad. Para mayor desgracia, la primera mitad. Me resultó un suplicio leer esa primera parte y estuve a segundos de dejarla por incorregible, pero esa absurda disciplina de lector me obligó a continuar hasta que, por fin, la novela cobró sentido y se volvió interesante. Si logras pasar ese primer 40% o poco más, descubrirás una novela policiaca bastante dinámica y entretenida. Incluso buena. Pero eso sí, has de pasar la gran prueba del primer 40% más aburrido del mundo.

Y Julia retó a los dioses, de Santiago Posteguillo. Esta resultó ser la mayor decepción del mes. Ya había leído la anterior novela de la saga de Julia Domna, Yo Julia. Me pareció estupenda porque me encantan las novelas históricas y porque la Roma antigua es siempre un tema muy seductor y apasionante. En aquella ocasión noté algunos fallos literarios, pero la historia que se narraba me hizo perdonar cualquier debilidad, sobre todo en el estilo, por más evidente que estas fueran. Esta segunda novela sobre la emperatriz romana es más de lo mismo: una extraordinaria historia, novelada de manera bastante mediocre, por desgracia. Es una pena que lo que podría haber sido una novela superlativamente genial, terminara siendo un novelón para, como dijo un amigo escritor cuando le comenté sobre ella, un público al que no le interesa la manera en que se cuenta una historia. Por desgracia he leído muchos libros mal escritos y sé que abundan mucho más de lo que deberían. Pero cuando ese fenómeno aparece de la mano de una historia magnifica, no puedo mirar al otro lado. Es verdaderamente una pena.

Historia viva, de Hillary Clinton. Acá no hay mucho que decir desde el punto de vista literario. Esta es una autobiografía bastante interesante de una de las mujeres más influyentes, controversiales y extraordinarias de Estados Unidos, sin que importe la aversión o simpatía política que cada quien sienta por ella. Es una autobiografía reveladora, al menos para mí lo fue. Descubrí con su lectura aspectos que no conocía de la vida de la ex Primera Dama y que hicieron que, de alguna manera, mi opinión hacia ella se viera afectada. Si te interesan las biografías de políticos y Hillary Clinton es alguien que llama tu atención, te recomiendo leer Historia viva. Tal vez te ocurra como a mí y descubras algunas cosas que jamás hubieses sospechado de una de las mujeres más relevantes de nuestro tiempo.

SOBRE LECTURAS

Terminé el mes de enero con cuatro libros en el repertorio de las lecturas finalizadas, y marcando un ritmo interesante para el 2021…

Arranqué las lecturas del nuevo año el día cuatro o cinco, no lo recuerdo bien. El primero fue Pájaros en un cielo de estaño, (Versátil), la novela más reciente del escritor español Antonio Tocornal. Una historia deliciosa, con un estupendo surrealismo mágico, que despierta las más entrañables sensaciones y despide al lector con una sonrisa. Hasta el momento, esa novela es lo que más he disfrutado de este autor, de quien ya he leido varias cosas.
Luego le tocó el turno a La rata en llamas, de George V. Higgins. Una edición de Libros de asteroides, con la traducción a cargo de Magdalena Palmer. Sin lugar a dudas, Higgins fue un maestro del diálogo escrito. En esta novela negra hace alarde de ello. Muy buena.
Durante los días en que leía La rata en llamas, escuchaba un audio libro que narraba una novela de Carlos Ruiz Zafón, La sombra del viento. Hace algún tiempo alguien me había recomendado leer a Zafón, yo no lo conocía. No siempre sigo recomendaciones para elegir mis lecturas. Prefiero dejar que actué mi instinto. Me arriesgué esta vez y perdí. Fue una decepción.
La última selección del mes le correspondió a La forastera (Anagrama), de la escritora española Olga Merino. Otra novela muy buena, con una prosa donde no sobra ni falta una sola coma. Al leerla se tiene la sensación de que la escritora debió de gastar horas enteras buscando la palabra exacta para transmitir una idea. No solo la frase, sino la palabra exacta. Hay un impresionante acopio de adornos innecesarios en la narrativa de Merino. Tal parece que es la otra cara de la moneda donde se encuentra Zafón, en quien el derroche de florituras roza con lo repugnante.

En fin, que, en un mismo mes, pegarle a tres de cuatro, no está nada mal. Si no es un record, debe ser un buen average.

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