“Soy un tsundokuiano”

He descubierto una palabra nueva, tsundoku. Se trata de un vocablo japonés que tiene su raíz en tsundeoku, que quiere decir «apilar cosas para luego, y marcharse», y dokusho, que significa «leer libros». Todo esto lo supe gracias a un artículo publicado por ABC en febrero del 2017, y que yo encontré hace apenas unos días.

Muchos de ustedes me dirán que todo el mundo sabe de la existencia de esa palabra. Bueno, yo no lo sabía, ¿hay algo de malo en ello?

Lo que convierte en interesante a mi descubrimiento, al menos para mí, es que el nombrado término se refiere a las personas que poseen más libros de los que se han leído –o se van a poder leer nunca–, definiendo este fenómeno como un síndrome. 

Síndrome, ¿en serio?

Asegura el apartado del diario español que quien «sufre tsundoku, no desea dejar su vicio; es más, se gasta una fortuna que va in crescendo en libros y suele atiborrar de arriba a abajo cualquier espacio disponible en sus estanterías, acudiendo a apilar volúmenes en el suelo si es necesario.»

Como seguramente sospecharán, yo padezco del llamado síndrome tsundoku. Entonces, y gracias a ABC, podría finalmente decir que he descubierto mi patología: soy un orgulloso tsundokuiano. O como quiera que se diga.

Los libros me atraen como el azúcar a la hormiga y jamás consigo pasar de largo frente a una librería o cualquier lugar donde se vendan libros, sin llevarme algo. En más de una ocasión he salido con varios ejemplares, consciente de que existen pocas probabilidades de que lea lo que he comprado, pero me da igual. En casa mi esposa se ve obligada a hacer magia a la hora de organizar y hasta esconder algunos de mis libros, para evitar que nuestro apartamento tenga la apariencia de una librería de barrio. Pero yo me mantengo fiel a mi síndrome que, por suerte, promete empeorar con el tiempo. Imaginen que, en mi bucket list he puesto que quiero llegar a poseer una biblioteca privada de al menos dos mil ejemplares físicos. Todavía ando muy lejos de esa cifra. Incluso si sumara los libros electrónicos que poseo, aún estaría lejos de mi biblioteca de ensueños. Sospecho que habrá que seguir trabajando en ello. Como ven lo de ser tsundokuiano va en serio.

Pero qué puedo hacerle si hasta el mismísimo Jorge Luis Borges lo dijo alguna vez, si es que lo dijo: «Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca.»