Blackwater llegó a mi biblioteca por accidente. La escritora argentina Agustina Bazterrica publicó en su cuenta de Instagram un video en el que recomendaba una lista de libros que consideraba indispensables. Yo había leído todos los títulos que mencionaba la autora de Cadáver exquisito. Todos, excepto uno: Blackwater.
Bazterrica puso especial énfasis en ese título, describiéndolo como una lectura adictiva que no se podía soltar. La curiosidad me llevó a buscarlo en Amazon. Lo que encontré fue una historia ambientada en la Alabama de principios del siglo XX, protagonizada por mujeres poderosas, con tintes de horror, luchas familiares y una atmósfera envolvente. Un proyecto ambicioso que mezcla el realismo con lo sobrenatural, entre lo pulp y lo cinematográfico.
La sinopsis hablaba de las gélidas aguas del río Blackwater inundando Perdido, un pequeño pueblo del sur. Allí, los Caskey —una familia de ricos terratenientes— se esfuerzan por sobreponerse a la devastación, guiados por Mary-Love, una matriarca dominante, y Óscar, su hijo obediente. La llegada de Elinor Dammert, una joven misteriosa con intenciones ocultas, desencadena el conflicto central.
Quise probar con el primer libro, La riada, aunque estaba convencido de que no iría más allá. Nunca he sido lector de historias divididas en múltiples tomos. Pero cometí un error: en lugar de adquirir solo el primero, por un descuido terminé comprando la colección completa. Los seis volúmenes se descargaron automáticamente en mi lector, como si obedecieran a una fuerza externa, una de esas que abundan en la propia trama.
Por entonces, aún estaba terminando Orlando de Virginia Woolf, así que dejé los libros a un lado. Pero al finalizar, recordé aquella compra inesperada y decidí darles una oportunidad. Esta mañana comencé el tercer tomo, La casa. Los dos anteriores, La riada y El dique, me atraparon por completo. Horas en vela, con esa mezcla deliciosa de intriga, tensión y belleza que solo algunos libros logran ofrecer.
La historia tiene personajes bien construidos, escenarios bucólicos, y un tono inquietante que va in crescendo. Es un retrato sureño con ecos góticos, una narración que fluye con naturalidad, sin concesiones ni excesos. La familia Caskey y el pueblo de Perdido logran sumergirte en su mundo, y uno no quiere —ni puede— salir de él tan fácilmente.
Quizás sea pronto para emitir un juicio completo —apenas estoy en la mitad del recorrido—, pero lo cierto es que me siento atrapado en esta historia. Y eso es lo fascinante de la literatura: que a veces, sin planearlo, terminas leyendo una serie de seis volúmenes como si fueras el adolescente que alguna vez fuiste.
¿Conocías Blackwater? ¿Alguna vez un libro que no planeabas leer terminó cautivándote por completo? Te leo en los comentarios.

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