Un hombre sin sombra

Si yo no existiese hoy, no echaría de menos demasiadas cosas.

Por ejemplo, no recordaría nada sobre política actual, y no tendría idea de que se le ha abierto un agujero a una capa de un gas extraño que flota sobre nosotros. Si mi yo de hoy no estuviese aquí, no extrañaría las redes sociales, los teléfonos móviles, las series de Netflix, los coches modernos, la lista de compra, el precio del gas. Si yo faltase de este aquí y ahora, no me importarían los concursos literarios, la ropa de moda, la puntualidad, las dietas o la buena ortografía, y no recordaría que tuve un amigo que nunca lo fue.

Sin este presente todo perdería su significado.

Y, aun así, moriría a cada segundo sin el mar, sin ella y yo dentro del mar, sin su cara de niña hermosa y su sonrisa de payasita, sin sus ojos del color de la albahaca, sin su mantra conciliador cubriéndome de paz, sin sus manos de mágico ungüento calmando mis piernas y mi espalda. Si me arrancaran de aquí me faltaría nuestra pizarra de sueños, nuestro café en las mañanas, nuestra canción de Ana Belén, nuestra briza en el balcón, nuestra ciudad inundada de ilusiones.

Si me robaran mi hoy, para no quebrarme, seguiría recibiéndola en la puerta a las 4:30 de todas las tardes, seguiría leyéndole en voz alta, seguiría cantándole bajito y abrazándola al bailar en la cocina. Si me exiliaran de aquí, para sobrevivir, me aferraría al olor de su ropa de dormir, a la sazón de sus frijoles, al recuerdo de sus pies cuadrados y su geografía deliciosamente imperfecta.

Yo, sin mí aquí y ahora, sería un hombre sin sombra. Y, aun así, jamás conseguirían llevarme entero.

Mi mejor parte quedaría aquí, y nada podría impedirme regresar por ella.

Un comentario sobre «Un hombre sin sombra»

  1. Ruben, gracias por esa entrega. Se siente la fluidez de tus palabras como se vuelven una canción, una verdadera declaración de amor.

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