Carta desde el acantilado

La segunda novela de Fernando Ugeda Calabuig es una vitrina llena de recursos literarios: lenguaje costumbrista, humor, lirismo, buenos diálogos y un poco de misterio son algo de lo mucho que el autor nos ofrece valiéndose de una extraordinaria narración que demuestra oficio. Por momentos el autor mima al lector con extraordinarias citas y frases sobre la literatura, sin conseguir, o sin querer conseguir desprenderse de una poesía que lo persigue durante toda la novela.

A destacar, por sobre todas las cosas y de forma muy positiva, la manera en que se presentan los constantes saltos temporales, como si de un simple y físico paso adelante y atrás se tratase. Un recurso que explota a su antojo y con la aparente comodidad de quien navega en aguas conocidas.

Los personajes son redondos y bien perfilados, y sus voces inequívocas. La trama, aunque culmina con una dosis de melodrama que sobrepasa mis preferencias, es compleja y trabajada, y cierra sin que quede ningún cabo suelto.

Se agradece el esfuerzo de Ugeda por hacer que los personajes que no son españoles (argentinos en este caso) hablen como lo hacen en sus países, algo que debería parecer lógico pero que también —según mi experiencia de lector— parece ser una cumbre empinada para muchos autores españoles.

En fin, esta es una buena y recomendable novela, narrada de manera excelente y con un magnífico manejo del lenguaje.

No defraudará a ningún lector.

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