Instrucciones para ocultar un crimen

Matar es fácil. Eso lo sabe todo el que ha cometido el acto o todo el que, al menos una vez en su vida, ha fantaseado con la idea. El problema consiste en eliminar el cuerpo después de terminado el asunto, si se diera el caso de que ese sea un aspecto fundamental. Podría sospecharse entonces, que es esa y no otra la razón por la que, hasta ahora, muchos no se han atrevido a materializar sus macabras fantasías. Existen, eso sí, múltiples teorías, estrategias y métodos que servirían de guía en dicha empresa. Pero se ha de ser cuidadoso a la hora de elegir alguna de esas recomendaciones, porque casi todas presentan fallos sustanciales que pondrían en aprieto al autor del acto. La sepultura, por ejemplo, es el método más utilizado, aunque también el más evidente y por ello, uno de los primeros puntos de enfoque en la investigación. Luego tenemos la simulación de un accidente o, en casos más arriesgados, la simulación de un suicidio. Frente a estas dos posibilidades ha de tenerse en cuenta, más que ninguna otra cosa, la escena del crimen. Los muertos hablan y nadie entiende su lenguaje mejor que la ciencia forense. En última instancia, estas opciones, como tantas otras similares, se refieren al acto del crimen en sí, no a la manera de deshacerse con eficacia del cuerpo, por lo que no se ha de ahondar en ellas para no desviar la atención del verdadero propósito.  Llegados a este punto, y después de un poco de análisis y reflexión, se descubre que las alternativas son considerablemente escasas. No obstante, aún hay esperanza:

Una vez colocado el cuerpo inerte en la bañera, se practican incisiones profundas y alargadas en el cuello, los antebrazos y las axilas. Una silla servirá para elevar los pies del muerto y conseguir que, bajo el chorro de la ducha, la sangre fluya en dirección a la cabeza hasta que, transcurridos algunos minutos, haya desaparecido por el tragante. Luego se seca con una toalla. En cuanto no presente riesgo de goteo de fluidos, se traslada hasta el hogar de la chimenea, y se coloca, dentro de una bandeja metálica (más adelante se verá porqué), sobre varios leños gruesos, previamente rociados con combustible acelerador. En esta fase es probable que surja una disyuntiva: el tamaño del hogar es suficiente para alojar el cuerpo sin dificultad, o no. Si se ha de enfrentar, como es casi seguro, el segundo escenario, será necesario colocar el cadáver sobre su espalda y atarlo, uniendo manos y pies sobre el vientre, hasta conseguir arquearlo y que quede sobre los leños simulando un cordero a punto de asarse. De ser necesario, como seguramente lo será, ha de fijarse el bulto para impedir que se desplace o ruede fuera del fuego. Para ello es recomendable un alambre que resista altas temperaturas, pero lo más seguro es que no se cuente con uno de esos así que apuntalarlo con uno o con varios atizadores puede solucionar el problema. Los leños servirán de base al fuego, pero no serán suficientes, por lo que se ha de agregar varios otros (muchos de ser posible) sobre la panza y alrededor del cuerpo. Después de rociar abundante combustible se ha de colocar la rejilla antes de lanzar la cerilla encendida.

El amasijo que resultará tras varias horas de fuego intenso no ofrecerá demasiada resistencia bajo el filo de una buena navaja. Separar los huesos desprovistos de tejidos y ligamentos será tarea fácil. La bandeja metálica habrá impedido que se esparza el contenido de los intestinos (la mierda no arde) por lo que no será difícil recogerlo. Luego se empaquetará todo en varias bolsas para basura y se lanzará en diversos lugares con vida salvaje para que los animales den cuenta de ello. A estas alturas deben estar cubiertos todos los posibles fallos que usualmente ocurren en este tipo de maniobra: huellas, rastros de tejidos o cabellos, olores corporales o cosméticos, coartada, etc.

Si se atiende a estos detalles durante la narración, es muy probable que se consiga escribir una historia con un crimen perfecto. Aunque todo dependerá del propósito del escritor, que siempre podrá crear a un detective capaz de descubrirlo todo. Pero para esto último habría que redactar otras instrucciones.

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