Una película con intención

«Se les llamó “plantados” al puñado de presos políticos cubanos que se declararon en rebeldía pese a la brutal represión que el régimen de los Castro ejercía contra ellos. Los golpeaban o asesinaban a su antojo. Algunos de ellos habían tenido un comportamiento heroico y significativo contra la anterior dictadura, la de Batista.»

Así escribió Carlos Alberto Montaner en una columna de opinión en El librero, con motivo de la película Plantados, que se estrenó en los cines de Miami el pasado 26 de marzo, bajo la dirección de Lilo Vilaplana.

Sobre esta producción he leído, en Facebook, y he escuchado en conversaciones personales, curiosas valoraciones positivas: excelente película, elenco de primera, el mejor trabajo que he visto. También me han llegado juicios contrarios: un peli-culón, panfleto, caricatura, película de bajo presupuesto, pésimas actuaciones.

Todas esas opiniones (porque no pasan de ser eso) se refieren, consciente o inconscientemente, a la calidad cinematográfica del filme.

Yo estoy en desacuerdo con ambos extremos. No creo que Plantados esté cerca de ser una producción cinematográfica excelente, y mucho menos que las actuaciones sean la revelación del año. De hecho, hay personajes penosamente débiles, aunque también hay que mencionar que otros sobresalen, respaldados estos últimos por una dignidad actoral merecedora de reconocimiento (pero de estos no hay muchos). También hay varias secuencias que piden a grito una nueva toma, incluso pudiera señalarse fallos en el guion, pero como esto que escribo es una mera opinión de consumidor y no de cineasta, porque no lo soy, prefiero no ahondar en ese terreno.

Sin embargo, los fallos predecibles en un largometraje sin el respaldo de una gran productora, y previsiblemente con presupuesto limitado, no convierten a Plantados en un peli-culón y mucho menos en caricatura.  

Es una denuncia, eso sí. Una vía efectiva para que mi sobrino de veinte años, por ejemplo, se enterase de que esas cosas sucedieron en el país donde nacieron sus padres. Es la forma en la que mi esposa, de cuarenta y cinco años de edad, supo que Plantados era el nombre autoimpuesto por unos luchadores consagrados a una causa, a quienes se les privó de los derechos más elementales y se les atropelló, humilló y asesinó sin el menor escrúpulo.  Es un tributo a los sobrevivientes y a los que no lo lograron. Es una muestra de respeto a las familias que han sentido el peso de la bota opresora sobre sus cabezas. Esa, quiero creer, es la principal intención de la película.

Es muy probable que, de acuerdo a los valores generalizados sobre las producciones cinematográficas, Plantados ni se acerque a ser una gran película, es cierto. Pero de ninguna manera es una burla. Es, en cambio, un gran esfuerzo por parte de sus realizadores. Un grano de arena importante en la denuncia perenne contra un régimen abusivo y criminal. Una forma digna de contar la historia, de mostrar los atropellos y abusos del régimen de los Castro, de contarle al mundo que la revolución cubana no ha sido jamás otra cosa que una panda de asesinos sin piedad. Si algo habría que rescatar de este filme, sería eso.

De cualquier manera, esto no deja de ser, también, una opinión. Ya se sabe lo que se dice de las opiniones: todo el mundo tiene una y a nadie le importa la ajena. Sospecho que la forma más eficiente de formase un criterio propio es viendo la película para poder hacer una valoración personal de la misma. Mi recomendación es que la vean cuanto antes. En caso de que no satisfaga sus expectativas en cuanto a calidad cinematográfica, al menos servirá para que conozcan, o recuerden, un episodio sangriento de la historia de mi país. Uno de esos que deben ser contados una y otra vez, para que el mundo sepa, para que no olvide.

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